Destino: la FIL – El mundo desde mi bici CLXIII

En un país que carece de lectores, una de las ferias comerciales más animadas es la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Recibe cada año (y mire que tiene 29 años de celebrarse) setecientos cincuenta mil visitantes. Participan durante más de una semana cientos de editoriales y también cientos de escritores. No sé de alguna otra exposición en México que supere a la FIL en popularidad.

Si es uno de esos que todavía lee algo, no se puede dar el lujo de no ir a este magno evento. Aquí se encuentran todos los libros sobre todos los temas y áreas del conocimiento humano. Todas las ciencias, todas las artes, toda la literatura y toda la autoayuda que uno necesite está, durante estos más de siete días, en Guadalajara.

Es tan vasta la exposición que se convierte en un ejercicio práctico de diversidad y tolerancia. Junto a los libros de ciencia pura y dura, presididos por El origen de las especies de Charles Darwin, encontramos los de la Sociedad Bíblica, cuya principal oferta es la Suma Teológica de Tomás de Aquino en pasta de cuero azul, estampado en oro e impresa como a Borges gustaba (no sé por qué, si no veía nada) en ochavo.

Es verdad que la gente que asiste a la FIL es muchísima. Hay veces en que para pagar un libro se tiene que hacer fila por más de un cuarto de hora entre codazos, miradas feroces y dos o tres pisotones “involuntarios”. Pero eso no es nada en comparación con la posibilidad de hacer trastabillar a Paulo Coelho o decirle, así en corto y directo al oído para que escuche bien, dos o tres verdades a doña Elenita Poniatowska o ponerle cara de circunstancias —como dicen mis amigos de Bogotá pero que en realidad son de Barcelona— a Guadalupe Loaeza. Si se llega con mucha fortuna, hasta podría participar en una conferencia a la que asistiera el mismísimo presidente y tener la oportunidad de preguntarle, una vez más, cuáles son los tres libros que han marcado su vida. Igual en esta ocasión nos dice que la verdad de a de veras para él, al igual que para el flamante gobernador de Nuevo León, lo que le gusta leer es el Libro Vaquero y también (vea que ya es bastante) Chanoc.

Cuando uno es o pretende ser escritor, tampoco-puede-perderse-esta-exposición. No hay mejor lugar para hacer un rápido pero exhaustivo estudio de mercado. Se puede conocer lo que está de moda (ya no, por favor, cincuenta sombras de nada ni novelas negras a lo Stieg Larsson), lo que los autores consagrados ofrecen (Vargas Llosa y Aguilar Camín incluidos); en pocas palabras, lo que el público lector anda buscando para meterse en la cabeza. Y no es que uno quiera cambiar de giro y largarse a escribir la gran novela de los muertos vivientes o psycho-thrillers seriados tipo John Katzenbach, pero sí se puede enterar qué editorial estaría dispuesta a publicarle sus textos que se pueden encasillar dentro del género de lo post-moderno casual relativista.

Los escritores, aunque unos lo nieguen, aquí nos encontramos en nuestro mero mole. No hay mejor lugar para presentar el nuevo y lindo libro contando con la invaluable compañía de verdaderos rock stars como lo son Jorge Volpi, Ignacio Padilla y Christopher Domínguez Michael. Ellos saben bien como hacerle justicia a un buen libro. Aquí tiene la posibilidad de que algún reportero cultural despistado, aunque sea de la estación de radio de Zumpango de las Tunas, lo entreviste. Quien quita y alguien más lo oiga y le ofrezca una beca o, mejor aún, un mecenazgo de, digamos, Carlos Slim.

Como a esta exposición asiste tanta gente, es muy probable que se encuentre con algún lector suyo y que, además, éste lo reconozca. Aquí caben, sin embargo, dos posibilidades. Uno. Que lo empiece a alabar, que le pida firmarle la camiseta (a falta de libro) y que después lo invite a cenar opíparamente en el restaurante más caro de Guadalajara. Dos. Que, al contrario, le haga pedazos sus textos, le reclame ferozmente que cómo se atreve a escribir y que le sugiera recoger mejor todas sus cosas y luego irse a visitar al mismísimo demonio (lo cual no estaría nada mal, porque el viaje sería dantesco y por ende muy literario, con todo y Beatriz dentro del mismo paquete). A pesar de que Dos es más probable que Uno, siempre se agradece que alguien lo lea.

Es por estas cosas —y otras, que en este momento olvido— por las cuales no he ido a la FIL. Sin embargo, lector amigo, mi destino está marcado y nada puedo hacer en contra de él.

Nos vemos la próxima semana, cuando usted regrese de Guadalajara. Yo aquí, como siempre, lo espero el miércoles en punto de las 8 de la noche.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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