El mono temático – El mundo desde mi bici CXXXVII

En México estamos en los tiempos previos a las elecciones intermedias. Son tiempos aciagos en donde a muchos ciudadanos se nos olvida que podemos comentar sobre las cosas más sabrosas que la vida nos ofrece, como la playa, la buena comida, la amistad, una buena lectura. En estas épocas pre-electorales muchos nos convertimos en seres mono-temáticos: sólo discutimos sobre política.

Convertimos nuestra personalidad -normalmente afable y generosa- en una irascible, rijosa, poco tolerante y, en el peor de los casos, hasta en militante de hueso colorado.

En vez de hablar sobre la última película de Tarantino y sus conexiones con la literatura vasca del siglo XI o del último episodio de la serie How I met your mother y sus repercusiones en la digestión de la merienda, aprovechamos cualquier encuentro con la familia o con los amigos o con todos ellos revueltos y muy juntos para instalar foros políticos en donde unos se convierten en capuletos y otros en montescos, sin Romeos ni Julietas de por medio. Y esto se torna lógico cuando al menos muchos de nosotros reconocemos que llevamos dentro a un pequeño Maquiavelo que siempre está dispuesto a salir del destierro en donde lo mantenemos oculto cuando no hay elecciones.

Nuestra cultura política está compuesta por chismes y dichos de analistas y expertos de ocasión. No es extraño verla desvariar justificando cualquier medio y desatendiendo los fines más altos que la Nación demanda. (Esto no lo digo yo, lo dicen los supuestos políticos profesionales que siempre quieren hacernos menos a nosotros: los ciudadanos.)

Aunque a los políticos se les haga el estómago chicharrón, ejercemos el derecho no sólo de opinar y votar, sino también el de criticar y arreglar el mundo como se nos da la gana.

Criticamos, por ejemplo:

La sistemática ineptitud de nuestros gobernantes, que siempre riegan el tepache cada que se les da la oportunidad, y que andan por ahí inventando nuevos estados de la república, diciendo que nuestra economía está para chuparse los dedos y que la paz, conseguida con tantos esfuerzos y pericia, campea sobre todo el territorio nacional.

La sistemática falta de inteligencia de los aspirantes a un puesto de elección popular. Por ejemplo, ¿quién diablos quiere ser gobernante de un estado como el de Guerrero, un estado diezmado por la pobreza, por el no-gobierno, por las ideologías (todas ellas vanas), por la desigualdad y por la inseguridad? En vez de ser un candidato patriota, un verdadero estadista, como exige el caso, los candidatos que se postularon parecen no estar dentro de sus cabales o que son unos perfectos idiotas. Con esta certeza, sólo le puedo decir al votante guerrerense que cualquiera de los candidatos a gobernador que elija, sea del partido que fuere, estará llevando al poder a un muy probable sociópata que, en vez de arreglar las cosas, se convertirá en un nuevo villano milmillonario.

También nos atrevemos a criticar (¡pero con qué derecho!) la creciente corrupción de la clase política que se traduce en casas blancas, coches de lujo, aviones privados, compras en Beverly Hills, yates, impunidad, injusticia y mayor desigualdad.

Las hueras discusiones en donde los miembros del partido X acusan a los miembros del partido Y -y viceversa- con argumentos equivalentes a los de cualquier pelea de mujeres en el patio de la escuela primaria: “¡Tú eres más fea!”, “¡No, bruja, eso lo serás tú!”.

La falta de sensibilidad que hace atreverse a unos candidatos a pedir el currículum de sus votantes para permitirles colaborar con ellos en caso de que ganen la elección, cuando debería ser al revés: los candidatos deberían proporcionarnos su currículum para ver si votamos por ellos.

Lo mejor, sin embargo, es que nos permitimos opinar sobre cómo deberían ser las cosas y cómo deberían de conducirse los asuntos públicos para lograr una situación mucho más favorable. Nos damos el lujo de componer  al país y también al mundo entero, para luego sentarnos satisfechos, terminar lo que resta de café de nuestra taza y dar el caso por resuelto.

Si somos tan buenos haciendo política (pero sobre todo criticándola) y evidentemente sabemos  mucho más que los políticos de profesión (que no profesionales), ¿por qué no de una vez por todas nos decidimos a gobernarnos a nosotros mismos?

 

Dejo esta malhumorada bici aquí. Sólo lo invito a votar el próximo 7 de junio. Por ningún motivo debemos tolerar que otros decidan por nosotros. Nos vemos el próximo miércoles en punto de las 8 de la noche. Ya no sé qué tipo de bici prometerle.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

7 responses to “El mono temático – El mundo desde mi bici CXXXVII

  • danioska

    Coincido con tu reflexión, querido Enrique, hablamos mucho de política (lo que no está mal, nos afecta cotidianamente) pero no tomamos un papel más activo. Varios amigos míos no piensan votar pero, eso sí, cómo se quejan y critican. Me sumo a tu llamado: tenemos que votar. Cuando menos eso!
    Un abrazote
    Julia

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  • Ma. Cristina De la Sierra

    Amigo, tristemente lo que sucede en el país es un tema que da mucho de que hablar. Si no un cambio honesto, en el que los ideales estén por encima de la corrupción, en la gente que quiere gobernar y en nosotros como ciudadanos, no se cómo se dará el cambio.

    Cambiando de tema, quiero expresarte lo afortunados que somos de ser amigos y poder disfrutar de una rica cena en unas horas.

    Te mando un fuerte abrazo y hasta dentro de unas horas.

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  • JOSÉ ÁNGEL ORDIZ

    Vaya, también con el tema de las elecciones por ahí (como en España). Seguiré tu bici.

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