En brazos de Morfeo te veas – El mundo desde mi bici CXXXV

imagen de: raislost.blogspot.com

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Como dicen en la nueva serie de televisión Cosmos, nuestro cerebro es una herramienta maravillosa que no sólo es capaz de comprender el universo, sino también de comprenderse a sí mismo.
La neurociencia es la rama del conocimiento que estudia todo lo relacionado con nuestro cerebro. Sus expertos han descubierto, por ejemplo, que para que nuestro cerebro esté al puro tiro, es necesario que diario le demos 7 horas seguidas de sueño.
El sueño, concluye un estudio realizado en ratones (que, dicen los que saben, son muy similares a nosotros), hace que el cerebro se contraiga, dejando espacios entre sus pliegues, espacios que permiten que el líquido cefalorraquídeo circule con libertad, eliminando así las neurotoxinas que acumulamos durante la vigilia. El sueño literalmente refresca nuestras ideas llevándose las malas.
Sólo hay un problema. La mayoría coincide en que, cuando uno acumula años, es casi imposible dormir por 7 horas seguidas.
Es verdad que con la edad uno madura (no todos lo hacen, sin embargo). Es muy posible que este proceso (el de maduración) signifique pasar horas en vela repasando los cotidianos problemas que abruman a cualquier adulto, como son las deudas vencidas, los pagos por vencer, los imponderables, los problemas de salud y los martillazos de la vecina de arriba. Son estas pausadas horas de intensas preocupaciones las que coartan nuestro sueño. Ahora entiendo por qué a los sueños se les coloca en la región de lo ficticio.

Del otro lado de la cancha estamos los felizmente inconscientes.
Los inconscientes somos muy prácticos: sabemos que a las 2 de la madrugada nada se arregla y, al contrario, todo adopta el semblante de la pesadilla. Así que los inconscientes podemos dormir mucho más horas y no sólo 7. Claro, si se nos permite.
Siempre hay un adulto consciente que despierta a un inconsciente, con mayor razón cuando es familiar o amigo cercanísimo, y sobre todo si es sábado, domingo o día festivo. No sé si sea envidia velada o de plano envidia-envidia de los conscientes, la cosa es que no hay día de descanso que no sea despertado por alguien antes de las diez de la madrugada.
La noche del pasado sábado al domingo la pasé muy mal. Gracias a una opípara cena, a un café bien cargado y a un postre de antología, además de estar auspiciado por una buena lectura y por el buen Netflix, pude conciliar el sueño hasta las cinco de la mañana. El domingo, día de las madres, mi móvil empezó a sonar con insistencia desde muy temprano. Déjeme le digo que semanas atrás fui incluído involuntariamente en dos listas de uatsap: una de amigos pre-históricos (entiéndase mis amigos de la primaria) y otra de familiares. Los miembros de ambos grupos dieron muestras de absoluta consciencia y empezaron a felicitar a sus respectivas madres a partir de las ocho de la mañana. Mis amigas y familiares que son mamás empezaron a agradecer las felicitaciones. Por supuesto, mi celular se convirtió en un festival de alarmas y no tuve más remedio que levantarme y aprovechar la desmañanada para felicitar -a horas tan inoportunas- a mi mamá.
Me doy ahora cuenta de que, a pesar del poco sueño, tuve un día bastante lúcido; es decir, casi no abrí la boca y, si lo hice, fue sólo para comer.
Entonces debe haber algo equivocado con la teoría del sueño de los neurocientíficos, sobre todo si tomo en cuenta la siguiente anécdota de mis ayeres en la universidad.
En los años ochenta se puso de moda celebrar fiestas privadas en exclusivas discothèques en los días de entre semana. A estas fiestas se les llamaba glamorosamente como cocteles. En alguna ocasión se celebró un coctel la noche previa a un importante examen de cálculo. El exámen lo tenía a la primera hora de la mañana, esto era a las 7. El coctel estuvo tan animado que llegué a casa poco antes de las seis. Lo peor de todo es que mi mamá me sorprendió llegando.

-¿A poco vienes llegando de tu fiesta?, me dijo a punto del infarto.
-¿Cómo crees, mamá? -alcancé a decirle. -Si voy saliendo ahora mismo para mi exámen de cálculo.

Desandando mis pasos, subí a mi coche, que acababa de apagar unos minutos antes, y me fui directo para la universidad. A pesar de no haber dormido nada (y estudiado mucho menos), ese día resolví el exámen con admirable agilidad mental y obtuve, para mi sorpresa, una calificación que nunca había visto en matemáticas: un ocho.
Esto indica que las neurotoxinas, al menos en mi caso, no son sólo inocuas, también son sustancias eficaces que propician la lucidez, o al menos son utilísimas para resolver problemas de cálculo diferencial e integral.

 

Nos leemos el próximo miércoles a las ocho de la noche. Habrá una bici más desvelada.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

4 responses to “En brazos de Morfeo te veas – El mundo desde mi bici CXXXV

  • Ma. Cristina De la Sierra

    Me queda la conciencia tranquila, de que el festival de alarmas, del cual hubo uno que otro mensaje de mi parte🌹🌹🌹🌹, sirvió para que fueras a felicitar a tu mamá. Ya ves lo cursi que somos pero cuanto nos queremos.

    No te hagas, que te fumaste antes de ese examen. Jajaja, que te sirvió estar en plena conciencia en el aquí y ahora.

    Hasta la próxima.

    😭Ya te había escrito pero creo que no apreté publicar.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, María Cristina!
      Otra vez tienes razón (sólo en la primera parte, porque en la segunda…), gracias a ustedes felicité a mi madre antes que nadie lo hiciera (jajaja).
      Con respecto a mi examen, bueno, tenemos que estudiar más sobre el funcionamiento del cerebro y sus estímulos.
      Beso y apapacho.

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  • Veronica

    ¡Hola Enrique! Soy de las que madruga. Un toque de diana resuena en mi interior y me urge levantarme. No es un mérito pues admito que lo compenso con unas Sras. siestas; tan extensas que tendría que tratarlas de Ud. Con el paso de los años, familiares, amigos y conocidos han llegado a la conclusión que nada me quita el hambre ¡ni el sueño!

    Un abrazo.

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