Una copa de nada – El mundo desde mi bici CXXV

Imagen de: politeros.blogspot.com

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Me siento frente a mi computadora. Antes, abro mi libreta de notas y la hojeo. Veo algunas ideas dispersas. Leo.

El otro día, un pesero que venía detrás de mí golpeó mi coche con unas monedas. Las usó como proyectiles. Por medio de esta abierta agresión pretendía que yo cruzara  sin mayor retraso una avenida que venía cargada con bastante tráfico, el cual además transitaba a alta velocidad. Fue una suerte que viniera mi madre en el coche porque de lo contrario no sé qué hubiera pasado.

Veo, en una esquina debajo de este apunte la siguiente leyenda: “Tomar clases de defensa personal, de preferencia de la disciplina marcial que utilizaba Steven Segal en sus películas.”

Esta idea la quería hacer cuajar en una bici, pero no encajó en nada por el momento… Salvo que en verdad pienso tomar clases de defensa personal.

Veamos esta otra:

Sale Murillo Karam de la PGR. Bueno, es que la verdad el pobre ya estaba muy cansado. De esto hace tiempo.

Continúo con otro apunte relacionado. Se refiere a un artículo, pésimamente redactado por Héctor Aguilar Camín, en donde defiende la gestión de este prohombre. Para el autor de Morir en el Golfo el connotado abogado no debió salir de su cargo y compara este reciente hecho con la salida de Ugalde del IFE después del 2006. A veces a los aplaudidores se les olvida cómo aplaudir, no hay duda.

Para recalcar que la entropía existe, la sustituta del ex-procurador es la hermana del vicepresidente de noticias de la televisora más influyente de Latinoamérica. Digo, espero que ahora sí nos informen bien, cuando menos.

Las anteriores novedades conforman un material manido, hueco, lejos de las intenciones por las que escribo. Son noticias, al fin y al cabo, de las que ya se han encargado los medios…

Me adentro un poco más en esta libretita de ínfimas proporciones.

Hay apuntes de cuentos o más bien de situaciones que pretenden convertirse en cuentos. Relatos dirán unos, historias cortas dirán otros. No importa, la cosa es que ahí están esperando, acechando su oportunidad, si algún día la tienen, claro está.

Me preocupo más porque no tengo mucho que decir el día de hoy. El mundo y sobre todo este país me han vaciado un poco. Dicen que la burra no era arisca.

A lo mejor usted me puede explicar qué quiere decir lo que sigue, porque a mí se me ha olvidado por completo: “La ciudad enorme está desierta y sólo está habitada por ratas y perros y gatos y palomas.”

Un “recorte” del periódico Reforma: “Si no le gustan los chapulines, no los coma.” Lúcido artículo de Jorge Alcocer del 27 de enero de 2015. Este Pero Grullo (que no Pepe Grillo) en verdad que está desatado.

Más atrás leo que muchos autores se convirtieron en personajes. Se han transubstanciado en su propia creación y, así, han trascendido como seres ficticios hasta nuestros días. Pero no es una trascendencia como si fuera una especie de inmortalidad, es una trascendencia de algo que sabemos que no es real, que ya no está y que por no estar nos rebasa. No sé si me expliqué.

Noto, sin embargo, que hoy tampoco quiero explicar nada. Show don’t tell, es la máxima de Janet Burroway. Bien mostremos sin explicar, sin idealizar, sin utilizar casi el intelecto. Sólo mostremos, pues.

Releo lo anterior. Descubro que también puedo convertirme en un personaje y el personaje que soy es un absurdo y que por serlo me gusta, aunque nada más sea por el día de hoy, el día en que la bici se fue a la cuneta.

 

Nos leemos, si aún quiere hacerlo después de esto, la próxima semana. Es el miércoles en punto de las 8 de la noche.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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