Mexicanos al grito… – El mundo desde mi bici CXXIV

Los alemanes tienen fama por lo sublime de su tecnología y por haber inventado un idioma impronunciable.

Sus filósofos bien ejemplificaron lo anterior cuando acuñaron dos palabras de especial  importancia para la cultura universal: Zeitgeist y Volksgeist. Éstas se pueden traducir como el espíritu de la época y el espíritu del pueblo respectivamente. Su aplicación, al principio, fue necesaria para explicar sucesos históricos que en apariencia se dieron gracias a una especie de tendencia subterránea generalizada, ya debida a la época, ya a la sociedad en su conjunto. Más tarde, fines más oscuros las utilizaron para justificar la tiranía y el nacionalismo más feroz.

Este último, el nacionalismo feroz, es uno de los mayores equívocos de nuestra civilización. Sustentado sobre bases inexistentes propuestas por esa falsa ciencia que es la sociología, otorga cualidades de organismo autónomo a un conjunto arbitrario de seres humanos.

Es gracias a esta falacia por la que nos informamos que los chinos son pacientes, que los ingleses son flemáticos, que los gringos son cowboys y que los musulmanes son conflictivos. Estas generalizaciones deben provocar la irónica sonrisa de no pocas personas.

A su vez, mis compatriotas (lo que sea que esta palabra signifique) en distintas épocas han alentado el fortalecimiento y la difusión de lo que ellos consideran como mexicano. Lo mexicano, es urgente precisarlo, es muchas cosas y ninguna. Los murales, las pirámides, la época de oro del cine mexicano, la infame selección nacional de futbol, los tacos, la burla sistemática hacia la muerte, lo gordo, lo prieto, lo chaparro, la “tradicional cordialidad mexicana”, los mariachis, los gritos, los sombrerazos, el Chavo del Ocho, la revolución mexicana, los chiles, los bandidos, los narcos, las casas blancas, los políticos rapaces, las playas, los desaparecidos, el tequila, la cerveza, la abundancia de recursos naturales, los policías de vientre abultado y la impunidad que los acompaña todo el tiempo.

Creemos que hay, sin embargo, corrientes subterfugias que nos hermanan.

La primera. Los mexicanos nacimos para perder.

A principios del siglo pasado, el dictador en turno tuvo a bien proferir una frase lapidaria: “Pobre México, tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de Dios.” El que no vea en esta frase el ancestral derrotismo que creemos tener gracias a un destino no manifiesto es un necio profesional.

Los mexicanos perdemos porque nos tocó perder. Porque a pesar de ser tan buenas personas estamos sujetos a las injusticias y los caprichos de la vida. Si no es el árbitro el que anuló un gol legítimo, es el político que vació las “arcas de la nación”. Si no es el vecino del norte que gana todas las medallas en las olimpíadas, es el infame clima comandado por ese prepotente soberano que responde al nombre de Tláloc.

La segunda es una derivación lógica de la primera: si ganamos es en virtud de que hacemos trampa.

La primera Miss Universo que tuvimos, Lupita Jones, fue apodada Miss TLC (Tratado de Libre Comercio), dando así a entender que su premio lo ganó gracias a que  México, después de tantos años de patriotera disidencia, cedió finalmente ante El Imperio.

El premio Nobel de Literatura de Octavio Paz lo compró Televisa (además de Casas Blancas, también compra premios a tutiplén), en agradecimiento a las valiosas aportaciones ideológicas que el vate mexicano consiguió para su Fundación Cultural.

Los campeonatos de futbol conseguidos por las selecciones “menores” (si en este epíteto no hay discriminación, entonces no entiendo) sólo se dieron porque fueron eficaces distracciones a la opinión pública durante tiempos políticos y económicos complicados.

Los tres premios Oscar de Alejandro G. (ya no es González, no vaya a ser que lo confundan con ese ratón mexicano llamado Speedy) Iñárritu son sospechosos porque ninguna película con nombre de un mal superhéroe puede ganar aunque sea dos chicles masticados.

Concluyo, no sin cierto pesar, que sí existe algo que hermana a todos los mexicanos: ese maldito pesimismo que nos carcome desde siempre.

La cita es aquí el próximo miércoles en punto de las 8 de la noche. Adiós.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

6 responses to “Mexicanos al grito… – El mundo desde mi bici CXXIV

  • Erika

    Como siempre, leo tu bici con sumo interés. Siempre me gustan.

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  • tonamtzalor

    Hola Heiner, es cierto, ni el destino, ni el vecino son culpables. El conformismo nos apabulla y la envidia nos corroe. Estaría mejor madurar como país y pedarlearle para mejorar. Nos haría mucho bien también el apreciar nuestra cultura, sin culpar a nadie y sin admirar sin límite, ni lógica a países extranjeros y lejanos con otras geografías y otras historias. Abrazo de una mexicana lejos y a la vez cerca, cada vez acercándome más.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Tona-que-cada-vez-está-más cerca!
      Mil gracias por tu comentario. En efecto, los mexicanos tenemos mucho que trabajar en nosotros mismos. No es posible que nuestra autoestima esté tan baja al grado de ni siquiera creer cuando ganamos algo lícitamente (aunque Donald Trump diga lo contrario).
      Mando abrazo viajero.

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  • danioska

    Hola, querido Enrique. Perdona mi ausencia de tu blog, he andado en mil cosas, casi sin tiempo ni de respirar, pero ahora que paso de visita me encuentro esta excelente entrada (para no variar). Y sí, tienes mucha razón, el derrotismo que parecemos tener metido en las venas es de lo más nefasto del “carácter mexicano”. Sirve recordarlo, tenerlo presente, para tratar de evitarlo y, al mismo tiempo, no caer en su opuesto: un triunfalismo desmedido. Qué difícil encontrar un justo medio. Mientras tanto, a disfruta el reconocimiento internacional a esa joya que es Birdman: sí, de sangre mexicana en las venas, pero factura gringa.
    Un abrazote

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Danioska!
      ¡Qué milagro, eh! (Risas al fondo). Te voy a pedir un favor gigante: nunca, nunca, nunca, nunca, nunca (y demás) te disculpes por no visitar mi blog. Como les digo a todos mis amigos: “no es manda.” Supuse que has estado ocupada (eso es bueno) y te agradezco muchísimo tus visitas. Yo te debo, por cierto, varias, porque con eso de que también el trabajo se ha cargado apenas he podido publicar mis bicis semanales.
      ¡Abrazote de vuelta!

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