La diplomacia, sus equívocos – El mundo desde mi bici CXXIII

Imagen de: es.wikipedia.org

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Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios. Si es así, entonces Dios está más cercano al Jehová de Moisés y de Abraham, que al Dios cristiano: un Ser de opinión mudable y también muy irascible.

El pueblo alguna vez calificaba a una persona de política cuando hacía gala de ser muy cortés; también definía a una persona como diplomática cuando sabía mantener buenas relaciones sociales o podía ser muy discreta. El pueblo ahora califica a alguien como político para insultarlo y como diplomático para advertir sobre su probable hipocresía. Los lingüistas definen este fenómeno con una sola palabra: semántica. Para mí los lingüistas practican con frecuencia el reductio ad absurdum.

El que la palabra político haya trasmutado en un insulto lo entiendo; en cuanto a llamar a alguien diplomático queriendo decir que es un hipócrita, no me queda muy claro.

Para mí los diplomáticos, además de ser súper educados, son personas cuya loable función es la de limar asperezas entre las naciones y evitar conflictos entre ellas, como las guerras, por ejemplo. Es verdad que para estos menesteres se necesita un poco de malicia. Pero inferir que esta malicia llega al extremo de la hipocresía es inferir mucho.

Tal vez lo anterior se deba a la confusión creada por los singulares modos de la “muy respetada política exterior mexicana”.

En México se divide la diplomacia en tres compartimentos: los diplomáticos de carrera, los políticos convertidos en diplomáticos y los diplomáticos de relumbrón.

Los diplomáticos de carrera, aunque muchos, son pocos los que tienen una plaza de importancia. Estos embajadores “de bajo perfil” normalmente ejercen su profesión en países también de bajo perfil. Es raro el que sobresale, y no por falta de capacidad, sino porque las plazas preponderantes se reservan para otras personas que nuestro gobierno considera como más aptas.

Los políticos en vías de retiro son los que gozan muchas veces de las mejores plazas del servicio diplomático: los encontramos en la ONU, en la OEA, en las embajadas en Washington, Moscú, Madrid, París, Londres y Berlín. Estos puestos se han convertido en una especie de premio de consolación y también en velado reconocimiento a los servicios a la nación que prestaron estos personajes en sus mejores épocas. Díaz Ordaz, presidente de muy triste memoria, fue premiado con la embajada en España. José Antonio Meade, economista y abogado, es ahora nuestro secretario de relaciones exteriores. Tal vez la designación del Sr. Meade se haya hecho en base a que ha viajado mucho o a que lleva un apellido que puede ser con facilidad pronunciado en inglés.

Por otra parte están los diplomáticos de relumbrón. Estos son los escritores, artistas e intelectuales del momento a los que también se premia con alguna embajada, no de primer nivel, pero sí de cierta importancia. Se les manda allá para que puedan ejercer su oficio con soltura, para que socialicen con sus pares extranjeros y para permitirles gozar de un sueldo que jamás volverán a tener y que ninguna beca del Conaculta ni del INBA podrá igualar.

En estos últimos días, el presidente que osa llevar mi nombre designó embajadores para Azerbaijan, Guyana, Indonesia, Kenya y Sudáfrica. Esto crea toda una categoría diplomática que había pasado por alto: la categoría del destierro de facto con cargo al erario público.

Nos vemos aquí el próximo miércoles en punto de las 8 de la noche con una bici menos diplomática.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

4 responses to “La diplomacia, sus equívocos – El mundo desde mi bici CXXIII

  • salvela

    No sé que es más interesante si la opinión sobre al diplomacia de tu país o las más que acertadas reflexiones con que comienza el artículo.

    Le gusta a 1 persona

  • Enrique Boeneker

    ¡Hola, Salvela!
    Me siento muy halagado por tu comentario. Habrá que partir en dos esta naranja para ver qué sale. A lo mejor de una hacemos cuatro.
    ¡Un abrazo!

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  • Veronica

    ¡Hola, Enrique! ¿Estás seguro que estás hablando de México? ¿No se habrá deslizado por allí un dato de Argentina? Las categorías de diplomáticos son exactamente las mismas. Quizás eso provocó mi confusión. La categoría de políticos devenidos diplomáticos se ve engrosada por quienes ponen pies en polvorosa para evitar alguna citación judicial, agrego para más datos. Y no me quiero ir por las ramas y mencionar negocios a través de “valijas diplomáticas” pues eso sería dejarme llevar por habladurías. Y no. No caeremos en la injuria infundada.
    Un abrazo.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Verónica!
      Entonces parece ser un mal endémico de la región, al menos de nuestros muy atribulados países. Es feo decirlo tomando este caso como ejemplo, pero son tantas las cosas que nos hermanan.
      Mando abrazo que prescinde de valijas diplomáticas.

      Me gusta

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