Y, usted, ¿es realmente apto para… ? – El mundo desde mi bici CXV

Uno de los problemas existenciales de la humanidad ha sido el de empatar la vocación con la aptitud. Muchos tenemos vocaciones para las cuales no somos aptos.

Conociendo esta realidad, los departamentos de recursos humanos de las empresas que pueden darse el lujo de tener dichos departamentos se han abocado, en lo que va de este milenio, a descubrir las aptitudes de sus empleados para reubicarlos en los puestos más apropiados o, de plano, para mandarlos patitas a la calle por su completa ineptitud.

Este remedio para conseguir mayor productividad y tener empleados más felices (los que llegan a quedarse después de dichas reformas, claro está) es sólo bueno parcialmente porque es un remedio a posteriori. Para intentar resolver este viejo problema, debemos atacar su raíz.

A mediados del siglo XX, las “opciones de vida” estaban “limitadas”. O se tenía una carrera profesional o no. Si se tenía, uno podía ser abogado, médico, ingeniero, contador. Nada más. Los muchachos que podían seguir con sus estudios profesionales escogían una de estas cuatro carreras y después, con la licenciatura en la mano, se dedicaban a lo que les venía en gana.

Unos cuantos años después, las universidades se dieron cuenta de que esto no era negocio. Inventaron primero nuevas carreras, para luego instituir varias maestrías, muchísimos diplomados e infinidad de cursos de todo tipo para los postgraduados. Cada vez  hay más instituciones de educación superior que presumen tener al menos una tercia de doctorados.

Tal es la razón por la cual ahora tenemos especialistas súper especializados en el mercado laboral. Hay ingenieros en mecatrónica, psicopedagogos, administradores de negocios familiares, nutriólogos zootecnistas, médicos del deporte, periodistas para medios impresos, periodistas para medios electrónicos, medio periodistas, desarrolladores de la sustentabilidad, artistas digitales, artistas análogos, curadores de artes endémicas y, cómo no, topógrafos con especialidad en la Alta Micronesia.

Lo que pasa ahora es casi lo mismo que pasaba hace 50 años: los chavos escogen una carrera, una maestría y dos diplomados y luego hacen lo que les da la gana. Claro, es natural que los veamos a todos un poco más confundidos.

Y esto tiene sus consecuencias.

Este viernes me invitaron mis amigos de la preparatoria a una cena que tenía como pretexto darnos el abrazo por las fiestas de fin de año. Para mi infortunio no pude asistir, tuve un compromiso previo al que no pude renunciar.

Uno de los amigos que sí asistió, del cual omitiré el nombre, me contó que conoció en la cena a una chava. (Chava, para nuestra edad, es una mujer madura cuya edad oscila entre los 35 y los 45 años). Su relato de tal encuentro fue más o menos como sigue.

“Invitada por no sé quién de los presentes, llegó una rubia casi perfecta (es decir, de esas que se pintan el cabello), cara agradable, minifalda y piernas de cartaginés. Había algo en ella, tal vez sus ojos pequeños y un poco huraños, que no me cuadraba del todo.

“Se sentó al lado mío y conversamos. Primero el small talk acostumbrado: el clima, las estrellas, los coches deportivos y las carreras de caballos (sic). Después empecé a tratar de averiguar un poco más sobre de ella. Me contó que este fin de año tenía un viaje planeado que había tenido que cancelar porque algo pasó con el hotel, el vuelo y la situación política en el sur mexicano que no entendí bien. Por el tono indiferente con el que me contó todo esto, no supe si decir que lo sentía o que me alegraba mucho. Mejor pedí otra ronda para todos.

“Entonces ella dijo, con el rostro iluminado: ‘Pero todo pasa por algo, ¿no crees?’ Fue cuando empezó a contarme entusiasmada sobre su vocación. Ella pertenecía a esa especie de mujeres que es muy común hoy en día: era del tipo ecléctico-esotérico. Practicaba el reiki, echaba cartas de Tarot, gustaba de la acupuntura, era seguidora tímida [todavía] de la Santa Muerte, las Flores de Bach en verdad curaban y estaba pensando seriamente en hacer un viaje a Oaxaca para probar las virtudes del peyote.

“Después de hora y media de escuchar como lo imposible era más que posible, concluyó tajante: ‘Sin embargo, como tú sabes, soy abogada y tengo, gracias a mi trayectoria profesional, la posibilidad de hacerme juez. Creo que sí la voy a tomar.’”

Mi amigo, que no se distingue por ser un santo, me tomó el hombro y sólo comentó con una sonrisa socarrona: “¿Ahora ves por qué estamos como estamos? Si ésta se nos hace juez yo puedo ser Papa.”

 

Escrito esto, no me queda más que desearle muy felices fiestas en compañía de los que más quiere. Lo invito a que antes de que termine el año, el próximo miércoles a las 8 de la noche, nos leamos otra bici aquí, en su blog De la tierra nacida sombra.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

5 responses to “Y, usted, ¿es realmente apto para… ? – El mundo desde mi bici CXV

  • salvela

    En la primera parte te doy toda la razón. Esto de tantas especialidades es un sacacuartos, un negocio mercantil para universidades, el estado o quien sea. Es una auténtica vergüenza, además de una discriminación de carácter económico.
    La anécdota, excelente. ¡como me cargan este tipo de personas! Yo les llamo iluminados. Algunos se montan esa parafernalia para ligar, algún caso me he encontrado.
    Un abrazo y Feliz Navidad

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Salvela!
      Mil gracias por pasar por aquí y comentar. Coincidimos tanto en la aberración de lo primero como en lo desproporcionado de lo segundo.
      ¡Felices fiestas y vuela un abrazo hasta el otro lado del charco!

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  • etarrago

    GENIAL DESCRIPCIÓN: “Invitada por no sé quién de los presentes, llegó una rubia casi perfecta (es decir, de esas que se pintan el cabello), cara agradable, minifalda y piernas de cartaginés. Había algo en ella, tal vez sus ojos pequeños y un poco huraños, que no me cuadraba del todo.
    Buen artículo.

    Le gusta a 1 persona

  • etarrago

    Volveré el próximo miércoles … sin hora. FELIZ NAVIDAD

    Le gusta a 1 persona

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