Del carácter camaleónico del chilango – El mundo desde mi bici CXI

Es increíble cómo los hermanos, aun criados en la misma casa y bajo las mismas condiciones, pueden ser tan distintos entre sí.

Tengo unas primas gemelas que no se parecen en nada. Mientras una está contenta, la otra refunfuña. Si la segunda está triste, la otra ve la tele con toda tranquilidad. Se colige que las dos tienen carreras profesionales distintas. En lo único que coinciden es en que se quieren mucho a pesar de sus diferencias.

Si esto se da dentro de las familias, imagine usted lo que pasa con las naciones.

Esos afanes que los países latinoamericanos tuvieron para diferenciarse de sus vecinos durante el siglo XIX y parte del XX fueron por completo infructuosos.

Fueron infructuosas porque las diferencias ya estaban dadas de antemano. Pregúntele usted a un uruguayo y a un argentino si son iguales. Los hondureños por su lado dicen no tener nada que ver con los salvadoreños. Los puertorriqueños y los cubanos sólo se parecen un poco y no en lo importante. Esta situación se dio no porque los ministerios de cultura hayan tenido éxito en establecer los distingos —como en efecto lo hicieron en su momento— a través de políticas públicas y certámenes culturales meticulosamente pensados, sino gracias a una verdad: siendo todas las naciones latinoamericanas hermanas, son por lo tanto distintas de naturaleza.

Esto se aprecia a simple vista. En unos países predominan los mestizos, en otros los criollos, en otros más la población negra y no son pocos los que tienen una población muy diversificada.

También hay considerables diferencias culturales. No son lo mismo el Perú o México, que tuvieron importantes civilizaciones prehispánicas, que la Argentina la cual estaba casi despoblada antes de la llegada de los españoles. Mientras que unos se lamentan aún hoy en día por sus respectivas guerras de conquista, otros se preguntan por qué no pueden ser como los países europeos.

Un aspecto que me parece maravilloso de la región es la forma de interpretar el mismo idioma.

Cuando estuve en París subí, por supuesto, hasta lo más alto de la torre Eiffel. En el mirador hay un vestíbulo y en la parte superior de las ventanas de ese vestíbulo están señaladas una gran cantidad de ciudades de todo el mundo. La ubicación de cada letrero indica la dirección de cada ciudad con respecto a la torre. Estaba maravillado y me puse a buscar entre los letreros a mi gigante terrible, la Ciudad de México. Al lado mío, una pequeña familia alzó la vista y el niño, de apenas unos 10 años, comentó con voz agudísima:

—¡Mirá que maravisha, papá! Ashí arriba están todas las ciudades del mundo.

—¡Y sí! ¡Mirá! ¡Ashí está nuestra Buenos Aires! Si seguís la flecha y caminás en esa dirección los once mil kilómetros de distancia, shegás directito.

—Pero sí, claro —dijo el niño—. ¡Es que es tan obvio!

Es un hecho que sin importar el país de origen, la gente conserva su forma de hablar. Es decir, los bolivianos, estén donde estén, hablarán siempre como bolivianos. Espere, vea este mucho mejor ejemplo: Lionel Messi, a pesar de haber llegado a Barcelona a la tierna edad de 13 años, sigue hablando como argentino.

Muchos mexicanos hacen lo mismo, salvo —ojo— los chilangos.

Dicen que los habitantes de la Ciudad de México tenemos presumiblemente la autoestima muy baja. De todos los habitantes del mundo, nosotros somos los únicos capaces de cambiar nuestra forma de hablar según el lugar en donde estemos. Si vamos al estado de Sonora empezaremos a hablar de inmediato con el acento local y proferiremos palabras como catotas, zacate, bukis bichis y demás criptografías que sólo los sonorenses y tres tipos en Sinaloa entienden. Si en cambio nos contrata para jugar al futbol la Real Sociedad o el Real Madrid, hablaremos el castellano como si hubiéramos nacido en la mismísima Mancha: con lujo de joderes y de coños (¡qué feo, la verdad sea dicha!).

Disiento de los que opinan que esta manía se deba a una baja autoestima. Estoy seguro que esto se debe más a una cuestión de supervivencia.

Los chilangos no tenemos muy buena reputación que digamos. En las demás ciudades y poblados de México no se nos quiere mucho. Dicen que somos engreídos, histéricos, poco tolerantes y muy tacaños. Esta fama es muy probable que haya trascendido hacia otras latitudes.

Es por lo anterior que, cuando llegamos a cualquier lugar, de inmediato adoptamos la forma de hablar local para evitar malos tratos y caras largas.

Tengo la impresión de que es gracias a esta manía —la de andar emulando mal la forma de hablar de todo el mundo— por la cual nadie nos quiere.

 

Para no perder mi acento, lo invito a que pase usted por estos rumbos el próximo miércoles, en punto de las 8 de la noche.

Anuncios

Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

8 responses to “Del carácter camaleónico del chilango – El mundo desde mi bici CXI

  • hljorge

    Apoyo a los chilangos. Me parece bien integrarse al nuevo entorno. En Argentina tenemos inmigrantes viejos que no adoptaron la ciudadanía, no aprendieron bien el idioma y siguen extrañando “su tierra”. No están en ninguna parte. Messi es un caso muy especial, mirá cómo jugó para nuestra selección.
    Gracias México por salvar tantas vidas argentinas durante nuestra dictadura ’76/’83

    Le gusta a 1 persona

  • Erika

    Cuanta razón tienes. Muchos creen que los defeños somos diferentes a la provincia. ¿Será que tenemos que estar cuidándonos de toda la gente que nos rodea? Que somos independientes. ¿Qué será? Pero sí, cuando vamos a otros países, decimos (¿o decíamos?) con orgullo que somos mexicanos. Lo dejo así, para que reflexionemos al respecto.

    Le gusta a 1 persona

    • Enrique Boeneker

      ¡Hola!
      Algunos presumimos de ser mexicanos, otros no. Hay muchas personas que sienten vergüenza de ser de este país. Es una tristeza porque esto lo provocan principalmente los norteamericanos que no quieren a los migrantes “latinos”, por eso los mexicanos se niegan a sí mismos.
      ¡Saludos!

      Me gusta

  • Rafael Ramón Heredia Gómez

    Es una especie de deseo de hablar al tenor del sitio dónde estamos. entre hispano hablantes. Y esto es posible aún si hablamos en otros idiomas,naturalmente nos tardamos más tiempo. En cambio a un alemán, por ejemplo, le costará más años hablar como un hispano.

    Le gusta a 1 persona

    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Rafael!
      Es verdad que también queremos empatizar con nuestros congéneres y por eso tratamos de hablar como ellos. En idioma extranjero, por ejemplo, el inglés, es difícil andar imitando distintos acentos; si de por sí es difícil agarrarle el modo a la pronunciación de ese idioma.
      En cuanto a los alemanes, es verdad, pobrecitos, es muy difícil para ellos pronunciar con perfección otro idioma, sin embargo, es muy loable que casi todos sean al menos trilingües.
      ¡Saludos!

      Me gusta

  • Veronica

    Querido Enrique:
    No sé si lograste la tonada argentina (más bien porteña y más exactamente capitalina). Lo que conseguiste (¡ni lo dudes!) es capturar el espíritu argentino. Aquí sobra autoestima desde pequeños. Si no triunfamos es porque el mundo conspira en nuestra contra. ¡Pura envidia!
    Y suscribo esa opinión tan arraigada como generalizada 😉
    Un abrazo sin imitaciones.

    Le gusta a 1 persona

    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Verónica!
      Con toda seguridad no reflejé bien la tonada porteña y es todo un halago para mí que aunque sea la hayas podido reconocer en mi texto.
      No sabes cómo me reí cuando escuché al niño esa vez en la Eiffel. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
      Un abrazo de vuelta.

      Me gusta

¿Qué opinas? Déjanos tus comentarios aquí. (No tienes que estar registrado en Wordpress para comentar)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: