Sobre el terror y sus engendros

En México acabamos de celebrar el día de todos los santos, día en que se conmemora a todos aquellos que ya no están con nosotros: nuestros muertos. Análogamente en los Estados Unidos se festejó el pasado viernes el muy famoso Halloween. Aunque son fiestas de distinto cuño, las dos refieren al aspecto escatológico de nuestra existencia: la muerte (o su carencia); aspecto que ha derivado, entre otras cosas y por muy diversas razones, hacia el género del terror.

Después de las sagas y gestas heroicas vinieron las historias de terror. Al parecer es un género tardío, el cual empezó a cuajar durante el romanticismo con la literatura gótica y llegó a su madurez en la era victoriana, tan llena de destripadores y otras linduras.

Aunque suene redundante parece ser que ahora debemos recordar cuál es la verdadera vocación del género del terror: provocar miedo. La afirmación anterior no es gratuita: parece ser que hemos perdido para siempre la capacidad de que algo, ficticio o no, nos provoque miedo, y esto tal vez tenga una doble causa (y, con toda seguridad, muy graves consecuencias).

El mundo actual es tan prolífico en demostrarnos que el terror no es sólo una fantasía sino una terrible realidad. A muchos nos importan poco los exorcismos, los monstruos y los fenómenos del “más allá”. Hacer una obra de terror hoy en día parece ser una empresa imposible. Los muchachos usan a los vampiros, a los demonios y a las “actividades paranormales” como un simple entretenimiento rayano en la literatura fantástica “light“. En fechas más o menos recientes, al género del terror se le rebautizó, al menos en los EUA, como “gore“, palabra que en inglés significa sangre.

Desde Freddy Krueger y tal vez un poco más atrás, el mal llamado género de terror se ha convertido en el imperio de la sangre: entre más se derrame es más eficaz. En lo personal esto no me provoca miedo, lo que me provoca es franco asco (sobre todo si se está en el cine comiendo palomitas de maíz bañadas hasta la saciedad con salsa picante).

Por otro lado, la realidad no ayuda mucho. Cualquier noticiario podría ser considerado de lo más terrorífico: guerras, genocidios, decapitaciones en vivo, desapariciones, atentados, violaciones, bullying, secuestros, ajustes de cuentas, fosas clandestinas y asesinatos son la comidilla cotidiana. Todo esto ilustrado con lujo de detalle y sin el menor recato.

Ante esto al terror le queda muy poco espacio.

¿Usted qué opina? ¿Estamos como Pedro y el lobo: de tanto aviso ya nada nos alarma? ¿Se puede decir que el género de terror ha muerto o sólo estamos en un impasse creativo?

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

6 responses to “Sobre el terror y sus engendros

  • salvela

    Una causa es la que apuntas. La realidad supera a la ficción y es más pavorosa que cualquier drácula, además de como muy bien apuntas, habernos anestesiado.
    Yo creo que hay más causas: el terror que la sociedad tiene a lo que no entiende le ha llevado a banalizarlo y hacerlo digerible, y no creo en sucesos paranormales ni en el más allá.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Salvela!
      Te agradezco mucho tu comentario.
      En efecto. Uno de los mayores problemas que enfrenta el género de terror es la incredulidad. Se tiene que ser un gran creador, uno muy inteligente, para hacerlo verosímil. Los reiterados intentos por llevarlo a los libros y a las pantallas de cine lo han hecho trivial.
      En fin, no vemos que esto sea muy halagüeño. Es una pena porque el buen terror, ése que no nos deja dormir por días, se extraña.
      ¡Saludos!

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  • Veronica

    Enrique:

    Estamos anestesiados. Lograron ese efecto tras tanto golpe propinado. Nuestro umbral de tolerancia al dolor fue en aumento tras cada agresión in crescendo y bajamos las defensas de la empatía y la solidaridad de manera inversamente proporcional.
    El género de terror no ha muerto. Debe limpiarse la sangre derramada para resucitar.

    Un abrazo que mira hacia el norte.

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  • Isabel F. Bernaldo de Quirós

    El mayor terror no es el imaginado, sino el que cada día se hace patente entre los humanos.
    ¡Buen día!

    Le gusta a 1 persona

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