Sobre el cinismo – El mundo desde mi bici CVII

Imagen de: filosofía.laguia2000.com

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Esta ha sido una semana llena de mentiras.

En este mismo blog, en la sección La tertulia, comenté el lunes sobre la naturaleza mentirosa de la literatura. Mi comentario nació desde la perplejidad que me produjo otro comentario, éste hecho por G.K. Chesterton hace ya unas cuantas décadas.

Chesterton, en una especie híbrida de texto que pasa de la crónica al cuento*, relata la historia de un rey que creía en todo lo que le decían. Esto ocasionaba que las invenciones más descabelladas perdieran su brillo literario y se convirtieran en simples notas periodísticas. Si la literatura no es posible cuando el lector no cree en nada, tampoco es posible cuando éste cree en todo.

La literatura, gracias a esta innata vocación por lo imaginable, es per se psicótica.

A falta de un diccionario sobre términos psicológicos y psiquiátricos (me rehuso a omitir las elegantes pes de estas tan griegas, históricas y elegantes palabras), me tengo que apoyar una vez más en esa vasta pero imprecisa enciclopedia cibernética, la Wikipedia. Ésta nos ilustra que: “La psicosis es un término genérico utilizado en psiquiatría y psicología para referirse a un estado mental descrito como una escisión o pérdida de contacto con la realidad. A las personas que lo padecen se las denomina psicóticas. En la actualidad, el término «psicótico» es a menudo usado incorrectamente como sinónimo de psicopatía. Las personas que experimentan psicosis pueden presentar alucinaciones o delirios y pueden exhibir cambios en su personalidad y pensamiento desorganizado. Estos síntomas pueden ser acompañados por un comportamiento inusual o extraño, así como por dificultad para interactuar socialmente e incapacidad para llevar a cabo actividades de la vida diaria.”

Creo que no hay mejor descripción de lo que es un escritor.

Los escritores todos nos hemos construido un mundo imaginario a nuestro alrededor que está compuesto por una mezcla muy específica de ingredientes mitológicos: nos creamos fama de eremitas, de huraños, de enfermizos (siempre nos duele al menos la cabeza), de personas extraordinarias que merecen un trato privilegiado. Esto es un síntoma inequívoco de psicosis. Habrá que agregarle, para que amarre bien el asunto, que somos dados a “vivir dentro de nuestro mundo” y muy seguido falseamos la realidad del “mundo real”, al grado de que nos atrevemos a invadirla con la ayuda de libros, artículos y toda clase de panfletos en los que nos encanta explayar la varia invención y la franca mentira que sólo nosotros podemos concebir. Desde nuestro mundo ficticio creamos una isla perdida poblada de enanos de todo tipo (Tolkien), atroces ballenas blancas (Melville), países con lluvias perennes (García Márquez), puntos en el espacio que sustentan en sí mismos la metafísica de lo infinito y lo simultáneo (Borges), un planeta entero de ciegos (Saramago) y personajes que sobreviven caídas desde un aeroplano a diez mil metros de altura (por supuesto que sin paracaídas) para luego revelar su naturaleza angélica (Rushdie).

Todo esto es producto de la psicosis. Hasta la película de Hitchcock que lleva el mismo nombre (ahora nos enteramos que con crasa imprecisión) es producto de la psicosis.

Lo único bueno es que las consecuencias de la escisión con la realidad —en casos meramente literarios— son en apariencia inocuas. Verónica Boletta, colega mía por partida doble, nos ofrece una mejor descripción de los alcances de este fenómeno: “La ficción es una mentira sin engaño.”

Lo malo es que los escritores no somos los únicos que mentimos por esta causa.

Algunas personas que pierden el contacto con la realidad son proclives al cinismo. Para nuestro infortunio, estas personas sí influyen, a veces fatalmente, en nuestras vidas.

Cínico viene del griego kyon, del cual se deriva nuestra palabra can, perro. El verdadero origen del cinismo proviene de una escuela filosófica que se separó de la escuela socrática y que nada tiene que ver con el significado semántico actual de esta palabra. La escuela de los cínicos, fundada por Antístenes y Diógenes, se distinguió por su ascetismo, su vocación intelectual y, sobre todo, porque sus miembros se burlaban como perros de la gente que no seguía sus principios. En griego la palabra que describe la acción de burlarse como un perro es Kynikós, palabra que dio nombre al grupo de jocosos y filosos filósofos, para siglos más tarde pasar al latín con la grafía cinicus. Su significado quedó para los romanos como burlón a secas. Hoy en día ser cínico es ser burlón, sí, pero burlón descarado y de muy mala leche.

Lo que sigue es un juego.

Instrucciones

Este juego es apto para todas las edades. Pondré ejemplos de los decires de algunos egregios personajes de la actualidad. Estos dichos fueron provocados, claro está, por: 1) la psicosis y 2) el cinismo. El juego consiste en revelar a los autores de estos dichos.

Juego

“Los cadáveres descubiertos en las fosas clandestinas de los alrededores de Iguala afortunadamente no son de los normalistas desaparecidos.”

“No pude hacer nada para evitar la candidatura de Abarca.”

“El libro más importante de mi vida es la Biblia.”

Y la última, que es una joya y que viene del otro lado del charco (y por lo tanto la más difícil de identificar de todas):

“El número de corruptos del Partido Popular no es excesivo.”

Si usted adivinó los autores de tan … citas, le recomiendo que se abstenga de estar tan pendiente de las noticias. No es recomendable para la salud.

Le propongo algo. Visíteme el próximo miércoles a las 8 de la noche aquí, en su blog De la tierra nacida sombra. Tal vez me encuentre de mejor humor.

*G.K. Chesterton, Alarms and Discursions, Charles E. Merrill Co., Estados Unidos de América, pp. 162 y ss.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

2 responses to “Sobre el cinismo – El mundo desde mi bici CVII

  • Veronica

    Querido colega por partida doble:

    ¡Menuda sorpresa me llevé al verme citada en la entrada! Twitter obliga a cercenar los pensamientos o, cuanto menos, a limitar su extensión. Es así que pienso la literatura como un contrato entre partes donde la “mentira” o situación inventada es una situación conocida de antemano y, por eso mismo, carente de engaño. Parece un juego de palabras pero ese acuerdo previo entre escritor y lector hace desaparecer el embuste y los (nos) convierte en cómplices.

    Los que sí engañaron son los autores de las frases y las mentes tras esos pensamientos. ¡Bien que se cuidaron de desenmascararse antes!

    Un fuerte abrazo, Enrique.

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