El amigo de mi primo – El mundo desde mi bici CV

Le contaré esta historia del amigo de un primo mío.

A este amigo de mi primo, al que bautizaré, para fines prácticos, con el nombre de H, le gusta escribir. Como todo escritor, empezó a leer desde pequeño y se decidió a escribir por imitar a sus autores favoritos, primero, y para expresar lo que llevaba dentro, después. También se distingue por tener opiniones inamovibles. Una de ellas, por ejemplo, es que no cree que existan la inspiración y su contraparte, el bloqueo creativo.

Varios de sus ensayos, muchos de ellos todavía no publicados para nuestra fortuna, refutan uno a uno los hechos que prueban que la creatividad es hija primogénita de la inspiración. Su refutación sostiene que la creación sólo es posible a través del disciplinado y concentrado esfuerzo. (Debo aclarar que H no es teutón, pero se parece mucho.)

H tenía una vocación especial por incordiar a sus colegas escritores cuando le confesaban, con cara migrañosa, tener un bloqueo creativo. Él les ofrecía la más socarrona de sus sonrisas y les decía que no existía tal cosa como el bloqueo creativo. Eso del bloqueo creativo le sucede sólo a los pusilánimes, a los flojos, a los que carecen de voluntad. (Insisto, no es teutón el hombre.)

A H le gusta llevar siempre consigo una pequeña libreta. En ella anota y acumula todo lo que llama su atención. Un recorte de periódico, la imagen de un árbol inusitadamente chueco, la fotografía de la tatarabuela Ingracia, el dibujo de un perro-rana, la definición etimológica de la palabra ontología y su comparación con los ornitorrincos, la delicada descripción de una sonrisa candorosa, la conclusión de un estudio económico inconcluso, el título del libro que pronto leería, un fallido cadáver exquisito.

H llama a esa libreta el desván. Ahí almacena todo —lo viejo y lo nuevo— y de ahí, semana con semana, saca el material necesario para la publicación de sus crónicas.

Esto demuestra, según él, que no es sólo inconcebible sino también imposible caer en un bache creativo, siempre y cuando se siga un sistema de minuciosa acumulación de frases, de imágenes y de objetos de dudosa procedencia. Por ende, el impulso creativo se da desde esta acumulación y no desde la vaporosa —y para él inexistente— inspiración. La inspiración —dice con vehemencia— es la mentira más grande que los románticos inventaron para justificar su oficio.

Imaginemos que nos encontramos con H ahora mismo.

Tiene el ceño fruncido y las arrugas sobre su frente parecen haberse hecho más profundas. Sus ojos no pueden ocultar la incertidumbre que lo consume. Su cabello parece haber mudado de las suaves ondulaciones a lo francamente hirsuto. Está sentado en su escritorio y se toma con ambos índices la base de su nariz. Cierra los ojos y descubrimos una ligera joroba en su espalda. El hombre, pobre, está abatido.

Si le pregunta qué tiene, H le contestará sin titubear: dolor de cabeza. H no sabe, ni sabrá lo que es un buen dolor de cabeza. Su salud, a pesar del café, el estrés y el sedentarismo, se puede calificar como envidiable.

Mas la verdad es otra. Lleva días dándole vueltas a una veintena de “temas” anotados en su desván. Ninguno de ellos parece cuajar. No por ahora. No le sirven el profuso anecdotario, las fotografías insólitas, los recortes de periódico, las citas sacadas de los libros y mucho menos las definiciones de palabras que han perdido toda sustancia.

Sin embargo, se le ve escribiendo. Escribe como el humilde agricultor ara su tierra: sin tractor, a puro golpe de buey. Acumula un montón de palabras, una sobre la otra, que apila con enfermo frenesí. Pronto las palabras le taparán la cara y es muy probable que caigan con estruendo al suelo y se rompan en mil pedazos, ensuciándolo todo, ofreciendo sus filosas astillas al pie poco precavido.

H sufre de bloqueo creativo y, a pesar de ello, se empecina en sostener su posición. Sólo es cosa de seguirse esforzando, de alinear una palabra después de la otra; tal vez, entre toda esta incoherencia, de pronto salga algo que valga la pena.

La verdad, no lo creo, por más teutón que quiera parecer.

Por razones de amistad y cariño, esta bici fue publicada mucho más tarde de lo debido. Hay ocasiones en que es preferible sacrificar nimiedades como una simple publicación para conservar algo que es para toda la vida. Pido una disculpa, pero también agradezco la comprensión.

Por lo pronto prometo que el próximo miércoles, en punto de las 8 de la noche, le ofreceré una bici más sustanciosa. Recuerde que es aquí, en De la tierra nacida sombra.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

4 responses to “El amigo de mi primo – El mundo desde mi bici CV

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