Los atrevimientos de la mercadotecnia – El mundo desde mi bici CIII

Es tan ubicua la presencia de la publicidad, que nos es imposible escapar de ella. Es como si viviéramos inmersos dentro de un mar de anuncios. Hasta en el camino rural más abandonado del pueblo más remoto encontramos algún cartel de cartón que tiene la siguiente leyenda escrita con plumón permanente: “Limón – 10$ el kilo”.

Es también por todos conocido que la Ciudad de México es una de las más contaminadas. A la contaminación del aire, del suelo y del agua habrá que sumarle la contaminación visual, sobre todo la producida por los incontables anuncios publicitarios. Nuestro transporte público, nuestras calles y hasta los chalecos antirreflejantes que el gobierno de la ciudad regaló a los ciclistas en fechas recientes tienen publicidad. Al encender nuestros televisores y nuestras radios, lo primero que vemos y escuchamos es eso: anuncios comerciales. Vaya, hasta en el feis y en el tuiter hay publicidad.

Mas la publicidad es sólo el producto más ostentoso de una disciplina comercial conocida como mercadotecnia. La mercadotecnia —nos ilustra la Wikipedia— “es la disciplina que identifica las necesidades y deseos del mercado objetivo que permite [a una empresa] adaptarse para ofrecer las satisfacciones deseadas por [dicho mercado] de forma más eficiente que la competencia”.

Todo eso está muy bien si no fuera por el colofón: “de forma más eficiente que la competencia”. Esta precisión es la que causa los más diversos problemas porque invita a la creatividad, a la originalidad, a la audacia y, por supuesto, a la competitividad, y esto, en manos de un mercadólogo, puede ser muy peligroso.

El chiste está en destacar a como dé lugar. En todos los libros sobre mercadotecnia que he leído encuentro el siguiente cuestionamiento: ¿cómo hacer para que su marca destaque en medio de un universo de marcas que venden exactamente lo mismo que usted? ¿Ha visto los anaqueles de cualquier supermercado? ¿Cuál cereal, por ejemplo, es el que compra? ¿Por qué lo hace? Y aquí sigue toda una retahíla de argumentos que va desde el diseño y colores del empaque hasta su localización en el anaquel de la tienda y la forma en que los anuncios publicitarios tienen que presentar al mercado nuestro producto.

Todo esto nos puede parecer no sólo necesario sino también muy sensato.

No lo es.

Y no lo es precisamente porque el afán de destacar sobre los demás nos puede llevar a los peores desvaríos.

Para empezar me voy a referir a un infame libro para niños sobre el cual le hice algunos comentarios en una bici anterior: el Struwwelpeter. Gracias a una amiga (que por cierto también mantiene un blog; si quiere verlo puede hacer click aquí), me enteré que en Alemania la palabra Struwwelpeter está tan descontextualizada que la usa de marca una empresa dedicada a la comercialización de aguacates, mangos y “otras frutas exóticas”. ¿Por qué a los marketers alemanes se les ocurrió usar este nombre? ¿Qué relación tiene el Struwwelpeter con las frutas exóticas? Misterio más profundo no hay en este universo.

Un poco más al sur, pero también en un país germanoparlante, es decir Austria, a algún genio se le ocurrió bautizar unas trufas de chocolate con el muy vistoso nombre de Mozartkugeln. Para los que no hablan alemán la primera parte de la marca queda muy clara: Mozart fue ese músico que, a falta de mejores opciones, desde niño se puso a componer música. En donde muchos se pierden es en la segunda parte: kugeln. Kugeln quiere decir bolas. Así es. Las trufas de chocolate se llaman Las Bolas de Mozart. Le dejo a usted la decisión de comprarlas o no.

Tengo entendido que en las Filipinas, aunque de esto hace muchos años, se llegó a hablar el español. Tan es así que muchos filipinos tienen nombres castellanos: uno de sus sempiternos dictadores llevaba como apellido Aquino y su hija el nombre de Corazón. Ante las evidentes faltas en el uso del lenguaje, creo ahora estar en un grave error y que las Filipinas nunca fueron parte del Imperio Español. Quizás sólo olvidaron de qué se trataba el castellano. Quién sabe. Preste atención a lo que sigue y por favor explíqueme si puede.

Es precisamente en las Filipinas, país que —quiero creer— también se distingue por su exquisita repostería, en donde encontramos exhibidos con toda impunidad en los anaqueles de los supermercados unos bizcochos que se llaman Classic Puto y unos pasteles de yema de huevo que llevan el nombre de Rodillas.

Tenga algo por seguro. Cuando vaya a las Filipinas no comeré nada que contenga harina.

 

Espero verlo el siguiente miércoles en punto de las 8 de la noche, aquí, en De la tierra nacida sombra.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

4 responses to “Los atrevimientos de la mercadotecnia – El mundo desde mi bici CIII

  • Erika

    Una vez más, reí.
    El lunes pasado asistí al Foro Inmobiliario, que año con año, organizado por AMPI y Metros Cúbicos y patrocinado por inmobiliarias y algún banco. Hablando de publicidad, nos regalaron morrales de todas marcas, revistas, etc. Y la publicidad sigue!
    Bueno, las “Mozart Kugeln”, hechas (en alemán son femeninas) con un chocolate exquisito. Lo hecho en Filipinas, no lo he probado, pero con los nombres no se antojan nada. El “Struwwelpeter”, nada más conocí el libro, pero jamás las frutas exóticas. Habría que ir a Alemania para saber si son tan malévolas como los cuentos del “Struwwelpeter”.

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  • tonamtzalor

    Gracias por hacerme reír un rato. Así es, la publicidad y mercadotecnia globalizadas. Además de las frutas exóticas Struwwelpeter, el otro día estaba yo recorriendo las calles del centro de Frankfurt y me encontré nada más ni nada menos que con un farmacia llamada ‘Struwwelpeter’. La próxima vez que esté por allá le tomaré una foto y veré si venden remedios para el cabello, rebelde, las uñas largas y demás 😉 Por lo de las famosas ‘Bolas de Mozart’, tengo unas en al armario esperando el próximo viaje trasatlántico. Buena semana, mi querido amigo escritor.

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  • danioska

    Oh, cielos, unas “galletas puto” no son precisamente lo que me apetece…
    Interesantísimo el tema que planteas, Enrique. Vaya manera de volver pedestre el lenguaje, vaciarlo de sentido pero no con una intención de rompimiento sino de llana estupidez.
    Un abrazo

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