Guía para ser un político popular – El mundo desde mi bici XCIX

Abrazo de Acatempan - Ilustración de El Diario de Coahuila

Abrazo de Acatempan – Ilustración de El Diario de Coahuila

La postmodernidad descubrió que la modernidad era mentirosa. La ciencia económica es la hija predilecta de la modernidad. Nació, según esto, para cifrar su progreso. Para ello la economía inventó los siguientes artefactos adivinatorios: el Producto Interno Bruto, la Balanza de Pagos, el Índice Nacional de Precios al Consumidor y algunos otros que he olvidado. Para verificar su eficacia pongo como ejemplo, para no variar, mi país. México, hasta antes del sexenio en curso y por casi 16 años, logró cifras de una economía sólida calculadas gracias a los métodos que establecen estos indicadores económicos. A la comunidad internacional se le enrojecieron las palmas de las manos de tanto aplaudir la sobriedad de la política económica mexicana. A pesar de esto, en todos estos años la pobreza no disminuyó y lo que quedó de la clase media se convirtió en clase más bien tirándole a baja. En lo que va de este sexenio, el gobierno decidió mandar todo al caño y logró con muy poco esfuerzo crecimientos cercanos al cero por ciento, que muy rápido formaron nuevos y más grandes hoyos en los bolsillos de los mexicanos. Es entonces evidente que nuestros indicadores no muestran la realidad, sino que demuestran lo poco práctica y arbitraria que es a veces el álgebra.

Hoy en día se proponen indicadores alternativos que reflejen mejor esa realidad a ras del suelo. En un país del Lejano Oriente inventaron el Índice de Felicidad. Venezuela lo adoptó casi de inmediato y los resultados fueron contundentes: los venezolanos son completamente felices. Los que saben un poco más sobre este tema opinan que para medir el grado de desarrollo de un país podríamos utilizar dos parámetros más prácticos: ver quienes usan el transporte público y estudiar la diversidad de opciones que propician la prosperidad en un país determinado.

El primer indicador es facilísimo de medir. Sólo hay que subirse a un “colectivo” o al metro y ver el tipo de personas que usan estos medios de transporte. Si encontramos ahí gente no tan pobre, rica y de clase media quiere decir que el país no está del todo mal. Para calcular el segundo índice, que podremos llamar el Índice de Posibilidades Reales para Hacerse Millonario (de ahora en adelante el IPORHAM), se requiere de un poco más de investigación. Si estudiamos el caso de los Estados Unidos, por citar un ejemplo clásico, nos daremos cuenta que uno se puede hacer millonario como inventor, empresario, científico, deportista (aquí varias opciones, desde béisbol hasta hockey sobre hielo), ejecutivo, vendedor, operador de bolsa, chef de cocina, escritor (¡!), actor/actriz, músico (¡!), locutor de radio, blogger (¡!), ganadero, agricultor y otros oficios más que se me escapan. En México, por citar otro ejemplo clásico, se pueden hacer millonarios los futbolistas y los políticos. Presiento que el IPORHAM, de adoptarse formalmente, puede ser un buen indicador.

Ahora hagamos un pequeño cálculo de probabilidades sin quebrarnos mucho la cabeza. Como en la Liga MX sólo hay 18 equipos y viendo que muchos jugadores no sueltan su puesto aunque estén por cumplir 50 años (de edad o de jugar, qué sé yo), las posibilidades de hacerse millonario en este rubro son muchísimo menores a las que en cambio ofrece la política. Como político uno puede acceder a numerosos puestos en los congresos locales y el federal, los tres niveles de gobierno ejecutivo, el poder judicial, los sindicatos y las dos televisoras. Estamos hablando de al menos una decena de miles de oportunidades. Se concluye que para sobresalir en estos tiempos de revoluciones redivivas es necesario convertirse en un político popular para poder ser millonario.

Antes que nada hay que parecer un político jovial, atlético y de aspecto pulcro. Es necesario, sí, parecer galán de telenovela. Si usted aparte logra casarse con la actriz de moda, mejor todavía. No importa si usted gobierna un lejano estado del sureste mexicano.

Como en México rara vez se lee, es muy importante que el líder político tampoco lea, de lo contrario se arriesga a pecar de intelectual, y ya sabemos que a los intelectuales no se les quiere mucho.

La forma en la política es el fondo. La política es un juego de espejos y símbolos. Más que el pensamiento o la ideología, los ademanes del político deben ser claros y demostrar su solvencia y liderazgo. Para lograr esto se recomienda cuidar los siguientes aspectos:

Los abrazos. Hay tres tipos de abrazos: el abrazo con reverencia, el abrazo ante un público exultante y el abrazo en corto. El abrazo con reverencia se usa para agradecer a los miembros del Honorable Comité Central del Partido. Consta de cruzar los brazos sobre el pecho y tomar con las manos los hombros. Esto irá acompañado por un número indeterminado de ligeras reverencias en señal de sentido agradecimiento. El abrazo ante un público exultante consiste en abrir los brazos lo más posible y girar las palmas de las manos hacia el cielo para recibir la unánime ovación del pueblo de forma abierta y humilde. El abrazo en corto no es un abrazo como el que le daría a su compadre el día de su cumpleaños. El abrazo en corto es casi estrecho, pero cuidando siempre de que medie una distancia prudente, digamos de unos 20 cm, entre el cuerpo del abrazante y el cuerpo del abrazado; además es respetuoso y no descuida las debidas distancias políticas. Este tipo de abrazo se tiene que evitar a toda costa si el par político a abrazar es una mujer. Ella apreciará su agradecimiento por medio de un simple apretón de manos. No queremos que la prensa hable mal de nadie, ¿verdad?

La mirada. La mirada del líder político no tiene nada de terrenal. Los políticos creen saber cosas que nosotros ignoramos y, por lo tanto, es necesario que sepan transmitir esta sabiduría ultraterrena a través de sus ojos. La forma más socorrida es la del Gran Estadista. También, siendo francos, es la más fácil de hacer: sólo hay que ver hacia el horizonte como si se estuviera viendo al brillante y promisorio futuro cara a cara.

El caminar. Cuando el líder político camina lo hace con soltura, sin forzar el paso, y esto debe hacerlo a una velocidad considerable, evitando que sus colaboradores le den alcance. Así demostrará que está siempre un paso adelante de todos.

Los discursos. Bueno, para eso están los apuntadores electrónicos, ¿qué no?

Nos vemos el próximo miércoles en punto de las 8 de la noche aquí, en su blog De la tierra nacida sombra. Tal vez haya sorpresa o tal vez no, porque la que sigue será la Bici número 100.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

One response to “Guía para ser un político popular – El mundo desde mi bici XCIX

  • Einerd

    Escribes bien,dejas cosas muy claras pero difiero sobre el papel de los intelectuales,con el tiempo se han vuelto tan vicerales que he llegado a ignorarlos lo sufieciente para no embarrarme de su sobervia…prefiero lo mundano,lo que no deja de lado la diversidad a traves de la cultura,(forma de vida de al que se adapata un ser humano en su habitad).

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