Las censuras

Imagen de: es.fotolia.com

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El 5 de agosto pasado apareció en el blog de Jaime Fernandez una reveladora publicación sobre la censura en las publicaciones impresas, particularmente en los libros (En Lengua Propia). En él detalla que hay muchas formas de censura y que la gran mayoría son inadvertidas. Para complementar lo que ahí se comenta también le refiero al artículo de Gerardo Mendive, aparecido en su blog, en donde nos aporta información sobre la censura en España durante el franquismo (Habladuría Crónicas de lo Cotidiano).

Las formas de censura que de inmediato identificamos son la gubernamental y la religiosa. La tentación por ejercer la censura de nuestros gobiernos sigue siendo una amenaza real: en México, recientemente fuimos testigos de la aprobación de lo que la opinión pública con tino apodó como la “Ley Mordaza”. Parece ser que después de una intensa campaña en contra de esta ley en Facebook y Twitter, ésta será abrogada por los mismos legisladores que la aprobaron. Por otro lado, la censura religiosa es una cotidiana realidad tanto para las millones de personas que profesan el islamismo en el Medio Oriente y África, como para algunos segmentos cristianos minoritarios en donde la Iglesia sigue imponiendo criterios y prohibiendo lecturas.

La industria editorial ejerce también algunos tipos de censura. Es verdad que muchas veces este mismo sector se convierte en el ejecutor de la censura oficial, como lo fueron los casos que sufrieron en carne propia James Joyce en Irlanda y Vladimir Nabokov en Francia, por sólo citar un par de ilustres ejemplos. Hoy en día, esta industria la aplica más para salvaguardar sus propios intereses que para garantizar los de terceros. Los argumentos para ejercer esta censura son los de mercado (“este tipo de texto o género no se vende”) o la corrección de estilo (muchos autores han visto con frecuencia mutiladas sus obras, sobre todo pasajes eróticos o menciones políticas o religiosas inapropiadas, que las editoriales no juzgan convenientes).

Los grupos o corrientes artísticas ejercen una especie de censura gremial. Si alguno de sus integrantes no respeta los valores, estilos y jerarquías del grupo es muy probable que al autor rebelde se le aparte y hasta se le bloquee. Sólo recordemos las purgas que llevó a cabo André Breton dentro del grupo surrealista, expulsando a todos aquellos que no siguieron el programa ideológico marxista que el francés a pie juntillas seguía.

Hay una forma de censura que tal vez sea la más peligrosa de todas. La censura tolerada (e incluso exigida) por los mismos autores. Como revela Jaime Fernández en su publicación, Jorge Luis Borges y Mo Yan afirmaban que la censura es deseable y hasta necesaria para aguzar el ingenio y potenciar la ironía en los autores, enriqueciendo por ende sus productos literarios. Se puede calificar esta postura como una especie de maquiavelismo estético.

Todo esto está vigente hasta nuestros días. Pero es innegable que la industria editorial está cambiando. La proliferación de las publicaciones directas o independientes, sin la intervención de editorial alguna, la posibilidad de los autores para poder, literalmente, publicar su libro en el sitio de Internet que más les convenga y de registrar sus derechos en el país que les plazca parece que reducirá en gran medida el poder de la censura.

¿Está usted de acuerdo con esto último? ¿Al minimizar la censura, no estaremos también sacrificando en ciertos casos la calidad de lo que se publica? ¿Se puede entonces considerar lo que definimos como censura de las editoriales como censura, o más bien es un derecho legítimo de estas mismas? ¿La censura se democratizará al quedar en manos del consumidor? ¿Es el consumidor capaz de fijar los criterios adecuados para seleccionar las lecturas que más le convienen?

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

10 responses to “Las censuras

  • Hesperetusa

    Censura no, pero “todo vale” tampoco. El ingenio y la ironía de los autores se tiene que potenciar sin que haya censura.

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    • Enrique Boeneker

      Hola, Hesperetusa.
      ¡Mil gracias por tu comentario! Siempre va a haber algún grado, sino de censura, al menos de reserva o pudor, aunque sea muy bajo. Si se quiere salvar este escollo siempre serán útiles la ironía y el ingenio.
      Muchísimos saludos.

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  • etarrago

    me aprece que ponerle puertas al campo, que es el caso de internet, hoy, es una estupidez, Enrique. Mi opinión es que me parece bien quese elimine, de una vez, la denominada, censura.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Enrique!
      Qué bueno que te “veo” por estos rumbos de nuevo. Internet, creo yo, está a salvo, a menos que el espionaje se ponga, como decimos por acá, peliagudo. Entonces tendremos que ponernos muy listos. Mientras eso sucede, aprovechemos este reducto de la libertad [casi] sin límites.
      ¡Un abrazo!

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  • Veronica

    Enrique, desde ayer estoy pensando en esas preguntas. Se me ha complicado la ¿moral? Es que verás, una escucha (lee) censura y se erizan los pelillos de la nuca. Ahora bien, cuando asimilamos censura (aún en su versión auto) con selección, crítica (aquí también puede ser auto…) y matices por el estilo mi percepción de la cuestión cambia. Continúo meditando.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Verónica!
      Ya somos varios que estamos en este embrollo. Además de los matices (cuando es auto, o cuando es control de calidad), existen la siempre latente amenaza que a nuestros gobiernos les plazca un día ponernos un bozal. Eso, por ningún motivo, lo debemos permitir, aún en aras de la “agudeza y la ironía”.
      Mil gracias por pasar por estos rumbos.

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  • tonamtzalor

    Querido amigo, tu acertado texto me recuerda que la censura no sólo la encontramos en el campo de lo escrito. Por acá en Alemania donde todos creen que son muy libres porque hay tramos de autopistas donde pueden conducir sus autos a toda velocidad, es decir a 200 o más km por hora, tenemos una muy fuerte censura en los medios de comunicación. Tanto en TV como en el Internet. En TV cualquier transmisión está controlada por las instancias gubernamnetales o canales oficiales. Si fuera eficiente esta censura nos habría ya librado de la bajísisma calidad que encontramos en programas de TV mundiales… pero no es así. Con nuestros impuestos por ‘ver’ TV, que son muy altos y los pagamos TODOS aunque no tengamos televisor, pero sí radio o PC, reproducen la mala calidad pero a la alemana. Otro medio afectado por esta censura ‘pseudo’ benéfica y oficial es Youtube. Cualquier video con cualquier tipo de música es bloqueado con el pretexto de que ‘podría’ contener música sin derechos de ejecución en público. Asimiso, si se nos ocurre festejar una fiesta privada con música en el jardín, es necesario avisar a la GEMA y por supuesto, pagar derechos de ejecución en público… Es muy cuestionable que esta censura sea realmente para ‘cuidar’ tanto a los autores como al público. A mi parecer y al de muchos otros se trata sólo del cobro de impuestos disfrazados de ‘benevolencia y preocupación por el prójimo’. Un abrazo de este censuradomlado del mundo.

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  • Borgeano

    “Prima facie” uno diría de manera terminante: Censura no. Después, se empieza a pulir la terminología y se acaba con el lógico (aunque difícil de definir o limitar) “depende”. En primera instancia la censura sólo debería ser aplicable a todo aquello que conlleve un delito (esto que parece obvio no lo es tanto; hace poco, Enrique, hablamos de la crisis en el arte. Bien sabemos que en ese campo hoy todo está permitido. Así he sabido de un imbécil que dejó morir de hambre a un perro –al que tenía atado dentro de un museo– mientras que, con comida para perros había escrito en la pared: “Eres lo que lees”; y otros casos similares). Así que allí es donde está complicado para trazar la línea divisoria.
    En cuanto a Borges (no hablo de Yan porque desconozco su postura); hacía referencia más que al acto de censura tal como lo entendemos (el acto de prohibir), al acto de obligarse a trabajar el texto para evitar toda explicitación que lo rebajaría. Digamos: la pornografía muestra, el erotismo sugiere. Para Borges siempre es más válido el segundo que el primero; pero no por cuestiones morales, sino estéticas (de hecho el ejemplo lo puse yo).
    Interesante e inacabable tema.

    Un fuerte abrazo.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Borgeano!
      Uno de los surrealistas (o dadaístas), no recuerdo quién… espera, creo que fue ¡Dalí! dijo que sería una obra de arte salir a la calle con una metralleta y acribillar a todo aquél que se cruzara. El simple hecho de pensar esta idea es en sí mismo un delito.
      La censura, como toda herramienta humana, tiene dos filos y a veces se usa de un lado y otras del otro. A mí no me gusta, pero es un hecho que todos vivimos con ella (aunque sea en su forma auto-).
      Te agradezco mucho tu precisión con respecto al dicho de Borges.
      Un abrazo.

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      • Borgeano

        Del “divino” Dalí no me extraña nada. lo conozco muchísimo y sé que era de decir esas cosas. Por ejemplo, hay un documental (puede verse en youtube, aunque no recuerdo el nombre en este momento) donde cuenta cómo al ver pasar a un ciego y ante la repugnancia que le dio verlo con el bastón blanco fue “y le dio una patada en el culo”. ¡Puro surrealismo! Según él. Y hay que admitir que lo era, aunque por el pobre ciego uno debe mantener las formas.
        Estamos de acuerdo con lo de la autocensura; creo que allí tenemos una de las formas de limitarla. No otra cosa es la “mentira piadosa” o “mentira blanca” (según la latitud).
        Un abrazo.

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