Sobre la naturaleza de los personajes

Kenneth Branagh en el papel de Hamlet Imagen de www.trabalibros.com

Kenneth Branagh en el papel de Hamlet
Imagen de http://www.trabalibros.com

Una de las principales preocupaciones de todo escritor es la de hacer a sus personajes más verosímiles, más “reales”. Cortázar afirmaba que la importancia de esta verosimilitud es vital para “estrechar el puente entre el narrador y el lector”.

Para hacer que un personaje parezca real, es necesario llegar primero a una definición de lo que es la naturaleza humana. La aproximación más eficaz que encontró el realismo decimonónico fue la que ilustraba la sociología. Con el advenimiento del psicoanálisis de Freud y Jung, los personajes con infinidad de patologías inundaron las novelas y los relatos de gran parte del siglo xx. Luego, con los avances biológicos y genéticos, el propio Cortázar presentó su propia solución. En el mítico capítulo 62 de Rayuela, ése del cual se desprende esa otra gran novela 62/Modelo para armar, nos propone lo que sigue:

Psicología, palabra con aire de vieja. Un sueco trabaja en una teoría química del pensamiento. Química, electromagnetismo, flujos secretos de la materia viva, todo vuelve a evocar extrañamente la noción del mana: así, al margen de las conductas sociales, podría sospecharse una interacción de otra naturaleza, un billar que algunos individuos suscitan o padecen, un drama sin Edipos, sin Rastignacs, sin Fedras, drama impersonal en la medida en que la conciencia y las pasiones de los personajes no se ven comprometidas más que a posteriori. Como si los niveles subliminales fueran los que atan y desatan el ovillo del grupo comprometido en el drama. O para darle el gusto al sueco: como si ciertos individuos incidieran sin proponérselo en la química profunda de los demás y viceversa, de modo que se operaran las más curiosas e inquietantes reacciones en cadena, fisiones y transmutaciones.

Los tres puntos de vista tienen un ingrediente que los emparenta: todos presuponen que la naturaleza humana está condicionada, dejando casi nada para el libre albedrío. Sin embargo, hace poco más de cuatrocientos años, Shakespeare nos mostró que, sin necesidad de tantos pre-textos, se pueden crear personajes que perduren en nuestra memoria y que inclusive sintamos más reales que muchas personas que en verdad existieron. Lady Macbeth, Otelo y Hamlet son un buen ejemplo. Ellos nos enseñaron que, como los seres humanos de verdad, podían cambiar su condición, personalidad y naturaleza. Dotando a los personajes de libertad logró el bardo darles realismo.

Nos damos cuenta que para definir la naturaleza de un personaje es necesario hacer una apuesta con respecto a lo que creamos es la naturaleza humana. El escritor practica así también la filosofía.

¿Usted qué opina? ¿Cree que sólo somos producto de las circunstancias o que, a pesar de ellas, tenemos la posibilidad para definirnos a nosotros mismos?

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

2 responses to “Sobre la naturaleza de los personajes

  • Borgeano

    El tema del libre albedrío es complejo, no cabe ninguna duda de ello. Pero hasta que se determine con más precisión sus límites y alcances, sigo tomando tomando la postura de Sartre: “el hombre está condenado a ser libre” aunque con algunas reservas. La reivindicación sartriana de la libertad es tan radical que le lleva a negar cualquier género de determinismo. No cree en el determinismo teológico, ni biológico ni social: ni Dios nos ha dado un destino irremediable, ni la Naturaleza ni la sociedad determinan absolutamente nuestras posibilidades, nuestra conducta. Somos lo que hemos querido ser y siempre podremos dejar de ser lo que somos.
    La reserva que resguardo es la relativa al poder de la sociedad en el ser. Sin llegar al radicalismo de Sartre, quien niega en un todo esta posibilidad; y sin cruzarme a la otra vereda, la que culpa de todo a esa misma sociedad, creo que hay un punto de inflexión donde cada persona se ve afectada por la mirada del otro; sobre todo en los primeros años de vida.
    Luego, también Sartre dice “Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”; frase que me gusta muchísimo y a la cual adhiero; pero a veces no es tan fácil. hay muchas personas que han sido muy dañadas en su infancia y no es tan sencillo reponerse de esos golpes.

    Un abrazo y, por fin, un placer poder estar aquí.

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    • Enrique Boeneker

      Me siento muy honrado que hayas visitado estos parajes, mi buen Borgeano. ¡Bienvenido!
      Tu comentario es espectacular y abona mucho a la discusión. Espero no desanimarla con mi respuesta.
      Sartre, como bien dices, proclama la absoluta libertad del hombre. El hombre es responsable de lo que fue, es y será. Empero, como tú bien sospechas, el asunto no es así de fácil.
      Muchos estudios demuestran que varios factores nos determinan. Son factores bioquímicos, psicológicos, sociales. Un hombre, si se deja que lo críen los lobos, será un animal y jamás un hombre hecho y derecho (por más que Tarzán nos quiera persuadir).
      También es un hecho que no somos autómatas, seres malditos atados a un destino ineludible. Creo que la humanidad —el ser humano— reside precisamente en nuestra capacidad para, a pesar de todo, trascendernos, para superarnos. Es ese halo de humanismo que —creo personalmente— debemos proyectar al hacer nuestros personajes, sobre todo en las novelas que es en donde más pesan.
      No quiero que se me entienda aquí que me inclino por el justo medio. No. Creo que estamos muy determinados. La mayoría no superamos ese determinismo, pasamos por la vida y nos vamos de ella sin siquiera darnos cuenta y sin que muchos se den cuenta de ello. El héroe real es aquél que lucha incesantemente para cambiar, para superar su condición. De ellos pocos en la vida real, pero debe haber muchos en nuestra literatura.
      Un abrazo.

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