La puntuación, esos signos de doble filo

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En esta ocasión transcribiré un estupendo texto de Roberto Zavala Ruiz (El libro y sus orillas, FCE, México, 2012) en donde nos ejemplifica la importancia de los signos de puntuación para definir el sentido de un texto.

“Pero acaso la mejor muestra de cómo la puntuación hace variar el significado de una frase sea la ingeniosa décima citada por María Caso de la Teoría de la lectura de José Mariano Vallejo. Se trata de un cuadrángulo amoroso trazado por un caballero que corteja a tres hermanas sin hacer distingos en sus lances. …

“Como aquel galán las visitaba mañana y noche, las doncellas y el padre de éstas empezaron a sospechar que el enamoradizo andaba en busca de los amores de alguna de las tres, por lo que pidieron —habría que pensar: le exigieron— manifestase su preferencia.

“El joven se comprometió a dar respuesta pronta a la exigencia, y, como los improvisadores o repentistas veracruzanos o huastecos de hoy, les entregó esta décima, a un tiempo brillante y oscura:

“Tres bellas que bellas son

me han exigido las tres

que diga de ellas cuál es

la que ama mi corazón

si obedecer es razón

digo que amo a Soledad

no a Julia cuya bondad

persona humana no tiene

no aspira mi amor a Irene

que no es poca su beldad.

“Con la décima entregó también su consentimiento para que las hermanas la puntuasen según sus propias luces.

“… Soledad se ingenió para ser ella la favorecida:

“Tres bellas, que bellas son,

me han exigido, las tres,

que diga de ellas cuál es

la que ama mi corazón.

Si obedecer es razón

digo que amo a Soledad;

no a Julia, cuya bondad

persona humana no tiene;

no aspira mi amor a Irene,

que no es poca su beldad.

“Julia, que tampoco era tonta, la puntuó como sigue:

“Tres bellas, que bellas son,

me han exigido, las tres,

que diga de ellas cuál es

la que ama mi corazón.

Si obedecer es razón

digo que, ¿amo a Soledad?

No. A Julia, cuya bondad

persona humana no tiene;

no aspira mi amor a Irene,

que no es poca su beldad.

“… Pero luego vino Irene y se valió con ingenio de comas, puntos y signos de interrogación —que en esto de amores y desamores hasta la gramática vale— para erigirse como la preferida:

“Tres bellas, que bellas son,

me han exigido, las tres,

que diga de ellas cuál es

la que ama mi corazón.

Si obedecer es razón

digo que, ¿amo a Soledad?

No. ¿A Julia, cuya bondad

persona humana no tiene?

No. Aspira mi amor a Irene,

que no es poca su beldad.

“Como la duda persistía suplicaron —habría que decir: compelieron— al ingenioso caballero que puntuara él mismo la décima y acabara por poner en claro su decisión. Resbaladizo como todos los donjuanes, esquivó con signos ortográficos el compromiso y puntuó sus versos como sigue [para enojo de todos los involucrados]:

“Tres bellas, que bellas son,

me han exigido, las tres,

que diga de ellas cuál es

la que ama mi corazón.

Si obedecer es razón

digo que, ¿amo a Soledad?…

No. ¿A Julia, cuya bondad

persona humana no tiene?

No. ¿Aspira mi amor a Irene?

¡Qué! ¡No! Es poca su beldad.”

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

4 responses to “La puntuación, esos signos de doble filo

  • etarrago

    Genial, Enrique. Una de las mayores riquezas del castellano es la viveza con que debe aplicarse el escritor para usarlo. Un idioma culto para mentes cultas o eso creo.

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    • Enrique Boeneker

      ¡Hola, Enrique!
      Tenemos la fortuna de tener un idioma maravilloso. Es muy expresivo, sonoro, plástico y sí, culto también. Te agradezco mucho el comentario y la participación.
      ¡Te mando un fuerte abrazo!

      Me gusta

  • tonamtzalor

    Hola, Heiner.
    ¡Me encantó el texto! Importantísima la puntuación para darle sentido a un texto, en efecto. Me recuerda a aquel ejemplo ya trillado de un matrimonio entradito en años por la mañana:
    – ¿Cómo amaneciste, vieja?
    – ¡Cómo amaneciste vieja!
    – ¿Cómo? ¿Amaneciste vieja?
    Podemos cambiar la -a por -o, pero la idea es la misma 😉
    Que tengas una semana creativa y buena.
    Tona de Ultramar

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