[Anti-]Instrucciones para caminar [en la Ciudad de México] – El mundo desde mi bici LXXXI

venedoresHoy decidí apearme de la bicicleta y caminar un poco. Fue una experiencia equiparable a la de Neil Armstrong cuando bajó del Módulo Lunar (“This is one small step…”). Lo digo así, porque tuve la impresión de que mis pies hollaban la superficie de un planeta extraño y hostil.

Yo había supuesto que las banquetas, al estar diseñadas para el uso tanto de los transeúntes como de las personas con capacidades distintas, deberían tener una superficie lisa y apta para sustentar el apurado paso de los capitalinos. Veo que los urbanistas encargados de planear cada centímetro cuadrado de nuestra ciudad capital tienen un gusto especial por los árboles de raíces aéreas como el hule y el laurel, los cuales extienden sus basamentos a lo largo y ancho mas nunca hacia lo profundo. Esto produce un fenómeno que supongo es inaprensible para estos aventajados genios: las raíces rompen el concreto de las banquetas y, si uno se descuida, hasta los muros de las casas y los edificios vecinos. La rugosidad que se obtiene emula con asombroso detalle los cerros y las colinas que circundan a la Ciudad de México. Si para un bípedo es difícil sortear esta intrincada orografía sin tropezarse, imagine usted lo que esto significa para alguien obligado a utilizar una silla de ruedas: la más temida de las montañas rusas es peccata minuta en comparación.

Es interesante ver el aprovechamiento que la humanidad hace de los lugares propicios para sus actividades. Los pocos “valles” que se pudieron formar en las aceras, lejos éstos de los árboles de nudosas raíces, fueron tomados por los vendedores “ambulantes”. Entrecomillo “ambulantes” porque se ve que estos comerciantes no tienen nada de nómadas y son más sedentarios que un servidor. Sus puestos, bien sujetos a la vía pública y fabricados de fierro cubierto por pintura electroestática, ofrecen una flamante barra de acero inoxidable y están equipados con bancos muy cómodos para servir con toda propiedad al ocasional cliente. Además, cuentan con una toma de corriente eléctrica clandestina que no es auspiciada por el gobierno, sino por los vecinos a los que no les importa pagar mucho más de lo que deberían. Esta toma eléctrica alimenta los aparatos que son imprescindibles para el buen funcionamiento del negocio, a saber: televisión LED de 42”, horno de microondas, tostadora eléctrica de 500 watts, un refrigerador de 12 pies cúbicos de capacidad, el sistema de televisión de paga y la docena de focos necesarios para tener el local bien iluminado durante la noche. Los puestos más avanzados tienen su línea de teléfono fijo y ofrecen guay fai gratuito a sus clientes. En el mejor de los casos, estos comercios ocupan tres cuartos de la superficie útil de las banquetas y la mayoría de ellos fuerzan a los peatones a caminar por el arroyo vehicular. Esto garantiza que la población enviada así a la calle reciba dosis adicionales de bilis que son muy útiles para fomentar úlceras, ataques al corazón y atropellamientos. Quien no vea en esto un control poblacional eficaz es que no tiene las miras necesarias para ser un buen estadista, como lo es, por antonomasia, ese prohombre que es nuestro jefe de gobierno.

El siglo XXI, ya lo habían previsto los caricaturistas de la Warner Bros., nos trajo una nueva raza de seres humanos. Son tan sui géneris, tan extraños, que estoy seguro de que vienen de un planeta muy, muy lejano. Estos humaniodes caminan mientras ven con extraviada perplejidad sus aparatos de comunicación intergaláctica. De estos artefactos salen unos audífonos retro, como los que usaba en los años 70 don Jacobo Zabludovsky, que están siempre adosados a sus orejas. Con la cabeza gacha, mandan mensajes de texto interminables a sus autoridades planetarias. Lo malo es que al no ser multitarea, estos seres caminan distraídos en un zigzag que me recuerda mis apoteósicas salidas de bien conocidas cantinas al sur de la ciudad. Estos nuevos habitantes han invadido con su errático andar nuestras aceras, haciendo todavía más tortuoso el tránsito de los peatones comunes y silvestres.

Como los primeros hombres en la Luna, yo pude estar en este extraño ambiente sólo por un par de horas. Perdido en este entorno, preferí subir a mi bicicleta y huir cuanto antes a mi casa. Llegué apenas sano y salvo.

 

Lo espero montado en mi bici dentro de este paraje familiar y seguro, llamado De la tierra nacida sombra, el próximo miércoles a las 8 de la noche. Hasta entonces.

 

Aquí su audio-bici con música de Goyito (@bbybone13):

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

4 responses to “[Anti-]Instrucciones para caminar [en la Ciudad de México] – El mundo desde mi bici LXXXI

  • tonamtzalor

    Buenísima bici. Así me fue cuando acompañamos a mi papá de 83 años de su casa a la farmacia y teníamos miedo de que desapareciera en uno de los hoyos de las banquetas o se fuera por uno de los drenajes sin tapa. Además que no podíamos caminar a su lado para sostenerlo mejor por los mencionados puestos ambulantes… y ya ni hablar de cruzar un eje vial a esa velocidad… ni los restos de los perritos que hay que evitar a toda costa… ni… Buenos, si sigo escribo otra novela…
    Un abrazo de ultramar.
    Tona

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    • Enrique Boeneker

      ¡Eso,Tona! Escribir una novela. Sería tan épica (o más) que la misma Ilíada, que aquellos Cien años de soledad. Tienes que escribirla, Tona. Tienes que hacerlo.
      Regreso abrazo entre desmañanado y definitivamente ultramarino.

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  • Erika

    Bueno,desde que me robaron mi automóvil, he sido peatón. Y vaya que he tenido que sortear infinidad de verdaderas montañas, baches, etc. Obviamente a nuestro gobierno capitalino le importa un bledo, el que infinidad de transeúntes terminen en hospitales con fracturas de cadera, piernas, tobillos y en el peor de los casos de por vida tengan que usar sillas de ruedas o andaderas. Pero, creo que seguiremos igual por muchos años más.

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    • Enrique Boeneker

      Es dramática esta realidad. Todos hemos sido víctimas de la ineptitud e ineficacia de nuestros gobiernos. Es necesario que seamos más responsables y empecemos a exigir a nuestras autoridades que no sólo hagan su trabajo, sino que lo hagan bien. ¡Mil gracias por el comentario!

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