Parole, Parole, Parole – El mundo desde mi bici LXXVIII

Language is leaving me in silence

Annie Lennox

cerdo

Ilustración de blogs.elcorreo.com

Afirmar que un ensayo lo pone a pensar es como decir que una buena fotografía lo invita a observar. Hay ensayos, sin embargo, que pueden conmover los fundamentos de nuestras creencias. Aunque esto le suene un mucho exagerado, el ensayo de George Steiner, The Retreat from the Word (título que traduciré, procurando conservar el sentido literal de la expresión, como El abandono a la palabra), trata sobre dos cuestiones fundamentales: la incapacidad intrínseca del lenguaje para ser espejo fiel de eso que llamamos realidad y la notable disminución en la cantidad de palabras que empleamos hoy en día. A pesar de que los idiomas cuentan en la actualidad con una colección más rica de voces que hace quinientos o seiscientos años (hasta tres veces más, como sucede con el inglés), hoy usamos muchas menos que nuestros antecesores. Estudios serios demuestran que en ciertas regiones de los Estados Unidos sólo se emplean 45 palabras coloquialmente. Y esto no es lo peor. Las pocas palabras que se usan están mal empleadas. Este empobrecimiento en el uso del lenguaje no sólo confunde, acota y daña nuestra comunicación diaria, también corrompe nuestro ser, acercándonos más al animal latente dentro de nosotros que al posible ser humano.

El blog de una recién descubierta colega, llamado Palabras a flor de piel, me hizo recordar las joyas literarias producto del más profundo ingenio de nuestros políticos. Aunque no es exhaustivo su artículo, compendia el “género” con bastante tino. El “haiga lo que haiga sido” calderoniano (de Felipe Calderón, no de D. Pedro), el contundente y brevísimo relato foxiano que reza “Comes y te vas” y esa obra cumbre sobre la epistemología de la literatura que pregunta sin contestar del todo “¿Los tres libros que han marcado mi vida…?” son buenos ejemplos de lo que ahí se ilustra.

Como la mayoría de la gente se rehusa a consultar el diccionario, pero en cambio le encanta inventar lo que sea, no es inusual encontrarse con insospechados neologismos de vez en vez. Lo malo de esta práctica es su poco respeto a las formas fundamentales de la estética. Hace algunos ayeres, un huero secretario de gobernación, defendiéndose de ciertas conjeturas que no le favorecían, declaró que la cultura del sospechosismo en México no llevaba a nada bueno. Supongo que a lo que se refería era a nuestra milenaria vocación por andar buscándole tres pies al gato. En alguna otra ocasión, cuando se puso de moda utilizar los artefactos de espionaje, de ésos que se venden en cualquier tienda de electrónica, se grabó una conversación entre un “empresario” y un muy juvenil —casi niño— presidente del partido ecologista en la cual se discutía la necesidad de conocer bien la tramitología burocrática. Una de las claves para tener éxito en un mercado ajeno al propio, sobre todo si se está en el ramo de las franquicias, es el de tropicalizar la oferta de productos y servicios. Recién llegadas a México, muchas cadenas de comida rápida tuvieron que adoptar en sus menús, no sin cierta celeridad, el uso del chile jalapeño, el aguacate y los nopales. Escuché por ahí que, debido al nuevo impuesto a los refrescos azucarados, están por ofrecer también aguas “naturales” de horchata, tamarindo y jamaica. Ahora estos establecimientos, aprovechando el trend, se anuncian como restaurantes de “comida fusión”. Al parecer algunos escritores y conductores de radio y televisión han olvidado por completo la existencia de la palabra sensual. El Kamasutra, los versos de Juan de la Cruz y las pronunciadas curvas de Megan Fox dejaron de ser, para siempre, sensuales. Ahora, dicen aquéllos, son sexosas. No sé por qué esta palabra, que es como una mancha, como un escupitajo debajo de mi pie, me remite a otra que es igual de desagradable: sebosas. Siento que la Fox es todo menos sebosa.

Así que por azares del sospechosismo, que en un principio se percibió como infundado, y gracias a la tropicalización de ciertas técnicas de peritaje que obviaron la necesaria tramitología, se pudo acusar a Cuauhtémoc Gutiérrez por andar portándose como lo que parece ser, es decir, como un verdadero cerdo, al tratar a blancas sexosas en su oficina presidencial del PRI capitalino.

¿No es verdad que el mal uso del lenguaje envilece?

 

Antes de que nos echemos todos a perder con tanta belleza, le pido que regrese el próximo miércoles, en punto de las 8 de la noche, a este su blog, De la tierra nacida sombra.

A continuación, si lo prefiere, su audio-bici con música de Goyito (al que encontrarán en el tuiter como @bbybone13):

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

2 responses to “Parole, Parole, Parole – El mundo desde mi bici LXXVIII

  • tonamtzalor

    Mi querido y siempre bien ponderado Sr. escritor,
    una vez más quedo agradecida y con muchas gracias 😉 por su brillante texto que me hizo recordar al maestro del discurso tergiversado: Cantinflas. He aquí un fragmento dedicado a la gramática 😉
    “gramática es el arte o la ciencia, pues en esto no nos hemos puesto de acuerdo, que nos enseña a leer y a escribir correitamente el indioma castellano”.
    Quedo en espera de su próxima bici. Una vez más saludos trasatlánticos.

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    • Enrique Boeneker

      Hola, Tona.
      Es siempre un placer leer tus comentarios tan atinados.
      Espero que algo inusual nos ocurra y que de pronto, todos los sistemas educativos del mundo se reformen permitiendo a nuestros hijos estar mejor educados y entrenados que nosotros, porque así como vamos, como diría Cantinflas, pues no vamos a ninguna parte, ¿verdad?
      Muchos saludos desde este lado del charco.

      Le gusta a 1 persona

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