Las lecturas rápidas – El mundo desde mi bici LXXV

Libros tras las rejas

Libros tras las rejas

Hoy en día ser escritor es una verdadera aventura. No lo digo por la capacidad que tienen algunos escritores para crear mundos nuevos, situaciones increíbles y personajes memorables que hacen de su experiencia una aventura en todo su sentido. No. Lo digo porque escribir en estos días es un acto temerario.

Hace unos meses, algunos de mis amigos se sorprendieron un poco al saber que me costó bastante trabajo (y mucho tiempo) reconocer mi condición de escritor. No entendían el por qué me era tan difícil esta decisión. Para ellos ser escritor no sólo significa ser inteligente, cool y súper interesante, también es un tipo de atajo para hacerse millonario: “un día te llega la inspiración y escribes de una sentada el best-seller esperado por todos y ¡pum! así nada más ya la hiciste, a vivir de tus regalías.” ¡Claro! ¡Y como la inspiración es una especie de hada madrina, pues seguro llegará en cualquier momento! El león no es como lo pintan, decía Mr. Commonplace. En el ciberespacio hay más de 250 millones de blogs que publican miles de millones de artículos y textos de todo tipo cada mes. Muchos de estos blogs cuentan con al menos dos blogueros cada uno. Aunque no todos los blogueros aspiran a ser “escritores formales” (lo que esto signifique) hay muchos que se atreven (como un servidor) a publicar libros. A esta población de plumafílicos virtuales habrá que añadirle una buena cantidad de reporteros, especialistas y analistas a los que también les encanta publicar libros. Y, por supuesto, están los autores consagrados y los no consagrados que publican en las editoriales tradicionales. El problema está en el balance. Un principio económico elemental nos ilustra que cuando la oferta sobrepasa a la demanda el precio baja. Es un hecho que hay más escritores y por lo tanto más textos para ser leídos, y también lo es que hay cada vez menos lectores. Lanzarse hoy como escritor es como aventarse sin paracaídas desde el borde de un risco del Gran Cañón, con la esperanza de atinarle al pequeño y único arbusto que está cien metros más abajo y de esta forma, más que milagrosa, sobrevivir a semejante caída. Así como van las cosas, los escritores podremos pronto contar a nuestros lectores de la misma manera como contamos a nuestros amigos íntimos: nos bastará sólo con los dedos de nuestras manos.

Así es. En estos días post-modernos hay más textos para leer que lectores. Mas esto es sólo un pequeño árbol perdido entre un bosque oscuro (me negué a usar el muy socorrido lugar común “esto es sólo la punta del iceberg”, no sólo para evitarlo, en verdad me gustan más los árboles que los icebergs). No puedo ignorar que a la gente no le gusta leer. Lee por compromiso, por necesidad, porque tiene que. La gente ya no lee porque le gusta. Lo que en verdad le llama la atención es la televisión, la radio (ya no tanto como antes), el cine. ¿Para qué quemarse las pestañas leyendo los tres gruesos tomos de El señor de los anillos si ya hay igual número de películas que están de las mil maravillas? ¿Por qué leer las 50 sombras de Grey si allí están Las ficheras? ¿Por qué comprar la revista National Geographic si ya hay el canal NatGeo? Leer al parecer es de lo más aburrido: ver una página en blanco y negro llena de tantas letras tan pequeñas y tratar de concentrar ahí la mirada realmente es algo que… digamos que puede ser un buen somnífero. Es más, hasta puedo aventurar que es algo peor: una especie de trago muy amargo. Tan es así que hay cursos y hasta programas para su teléfono inteligente que le enseñarán a leer a una increíble velocidad de mil palabras por minuto. ¡Mil palabras por minuto! ¿Quiere uno? Haga click aquí y baje su programa para sistema operativo Android.

Para colmo de males muchos escritores de cierta fama aconsejan a sus colegas a dejar la lectura si de veras quieren dedicarse a escribir. Argumentan que sólo hay tiempo para hacer una cosa: o lees o escribes, maestro. ¡Esto es un contrasentido! Desgraciadamente, se lo digo de una vez, para escribir, leer es cuestión de vida o muerte. No hay buen escritor que no sea un buen lector. Si usted piensa escribir, aunque sea un blog sobre box, de una vez le advierto: va a tener que leer y mucho. Si no lo hace, no se va a dar a entender y su blog no será ni siquiera leído por los tres lectores que le tocan.

Si las cosas están como están, ¿qué lo impulsa a uno para convertirse en un escritor más? (Aunque mi autoestima, recién dicho esto, me tome por la patilla y me regañe diciéndome a gritos que no soy un escritor más.) Quizá sólo sean tres cosas las que me motiven a continuar escribiendo profesionalmente: 1) el reconocimiento de la propia condición; ser escritor no es una elección, es una necesidad irrenunciable, es como el destino del cual no se puede escapar; 2) la convicción de que podemos escribir algo que puede valer la pena para alguien; y 3) la vaga esperanza de que algún día pueda componer un texto que se acerque a esto:

Prendí la luz de la estancia y me puse a ver los libros de Raquel. Escogí uno escrito por Lin Yutang y me senté en el sillón al lado de la lámpara. Nuestra sala es confortable. El libro parecía interesante. Estaba en un vecindario en donde la mayoría de las puertas principales permanecían abiertas y en una calle que es muy tranquila durante las noches de verano. Todos los animales están domesticados y las únicas aves nocturnas que he oído son ciertos búhos que vuelan hacia donde se encuentran las vías del tren. Así que todo estaba muy tranquilo. Oí al perro de los Barstow ladrar, brevemente, como si hubiera despertado de una pesadilla, y entonces los ladridos cesaron. Todo estaba tranquilo de nuevo. Luego escuché, muy cerca de mí, una pisada y una tos contenida.

Sentí como se me tensaba la piel —usted sabe a lo que me refiero— pero no levanté la mirada de mi libro a pesar de que me sentía observado.” (John Cheever, La cura).

Este fragmento contiene toda la tensión de un buen cuento y luce una economía textual pasmosa. El tránsito de la tranquilidad suburbana al terror no puede ser más efectivo.

Y aunque traté de convencerme a mí mismo, la verdad es que todavía no entiendo —y sobre todo después de haber leído el fragmento de Cheever— por qué a la gente no le gusta leer.

Como yo sé que a usted le gusta leer mucho que lee lo que sea, me permito invitarlo a que pase por aquí la próxima semana, a las 8 en punto de la noche del miércoles, en este su blog, De la tierra nacida sombra.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

4 responses to “Las lecturas rápidas – El mundo desde mi bici LXXV

  • Erika

    Como siempre disfruto de tus escritos. Sigue escribiendo y mientras los pueda leer, lo seguiré haciendo.

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  • Tonantzin Martínez-Alor

    Me identifico plenamente con tu escrito. No me considero escritora profesional porque no vivo de ello, ni creo poder llegar a hacerlo. Además de que como bien dices, somos demasiados escritores y cada vez menos lectores… Sin embargo, lo que escribo lo hago profesionalmente, al igual que tú. ¡Sigamos entonces con nuestra obra creadora! Ya sabes que quedo en espera de más bicis, cuentos y demás.

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    • Enrique Boeneker

      Son muy pocos los escritores que viven de su oficio. Normalmente tienen un trabajo “normal” para ganarse la vida. El chiste está en lo que tú comentas: escribir con seriedad y responsabilidad, escribir profesionalmente. Como siempre, agradezco mucho tus comentarios.

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