Perdidos en el espacio – El mundo desde mi bici LXXIV

Boeing 777

Boeing 777

Es un poco curioso lo que recién me ha venido pasando con la fabricación de las últimas bicicletas. Por primera vez en muchísimo tiempo cuento con varios temas ansiosos por salir del tintero. Es una situación ideal, porque ahora tengo el parque suficiente por si algún día se me seca el cerebro (lo cual no es poco probable). Tengo dentro de mi cajón al menos tres Mundos desde mi bici que han visto postergado su nacimiento por causas ajenas a mi voluntad. La semana pasada tenía pensado escribir sobre el Oscar ganado por Cuarón y su aparente falta de gratitud para con México. Cuando estuve a punto de atacar mi computadora con tan jugoso tema, me interceptó el asunto de la aprehensión del Chapo Guzmán. Esta semana, como la anterior, ya había planeado escribir sobre otra cosa, que no le revelaré, pero me ha tomado por sorpresa la desaparición del vuelo MH370 de Malaysia Airlines; hecho extraño que, como lo del affaire Chapo, tampoco puedo postergar.

     Como usted ya se enteró, en este mundo súper tecnológico e hiper-conectado se nos desapareció un avión enterito. El sábado pasado, una hora después de haber despegado de Kuala Lumpur con rumbo a Pekín, el Boeing 777 de la aerolínea malaya se hizo de humo junto con las 239 personas que lo ocupaban. Hasta el día de hoy, miércoles 12 de marzo, no se tiene la más mínima idea del paradero de la aeronave. Ante la falta de información y el azoro, el público cibernético ha dado rienda suelta a la especulación. Por supuesto que conforme más pasa el tiempo más descabelladas son las explicaciones de este sospechoso suceso. Una de las primeras hipótesis afirma que el avión había tomado una ruta equivocada y que en vez de a Pekín decidió viajar rumbo a la India, por ejemplo. Esta noticia abrumó mucho a las fuerzas de rescate que así vieron como el área de rastreo se les iba de unos cuantos cientos de kilómetros cuadrados a un área exponenciada a la ene. Como nadie supo explicar razonablemente el por que había sido cambiada la ruta del avión, salieron algunos con la teoría de que éste había sido secuestrado por unos terroristas. La Interpol, de hecho, reconoció que iban a bordo dos pasajeros iraníes con pasaporte falso. Esta tesis empezó a ganar popularidad, pero todo se vino abajo cuando en un programa de televisión chino salieron los “familiares” de unos pasajeros con un nuevo descubrimiento. Dijeron que este lunes llamaron esperanzados al teléfono celular de uno de sus parientes que iban en el vuelo. Pues la cuestión es que en vez de que contestara la grabación anunciando que el teléfono marcado estaba fuera del área de servicio —como cualquiera lo esperaría después de un accidente aéreo— resulta que la llamada sí entraba. Infortunadamente nadie lo contestaba, pero de que el teléfono llamaba, llamaba. Esto dio cauce a otra teoría: debido a que es imposible que un teléfono funcione después de un accidente aéreo, estas personas, apoyadas en la más firme de las lógicas, dedujeron que el avión no se había estrellado y coincidieron —sólo en parte — en que éste había sido secuestrado. Matizo la frase anterior con el “sólo en parte” porque sus pesquisas dieron por resultado una conclusión nada ortodoxa. Ahora agárrese bien de donde pueda porque ahí le va. Ya que el avión no aparecía por ningún lado y a que los celulares de algunos pasajeros presumiblemente seguían funcionando, estos genios infirieron, tomando esto —que es tan poco— como evidencia incontrovertible, que el secuestro no había sido perpetrado por fundamentalistas islámicos sino por ¡extraterrestres! Sí, es mejor que tome asiento y respire profundo. Cuente hasta diez. Así está mejor. La verdad me divierte mucho el que haya una gran cantidad de personas que insistan en resolver un misterio con otro misterio. Creo que eso se debe a que, cuando la realidad nos abruma, la queremos enterrar con cualquier cantidad de materia fantástica. Esta manía parece ser parte intrínseca de la naturaleza humana.
     Como estamos frente a un verdadero misterio cuya solución tal vez nunca conozcamos (Again, I say, maybe we can’t handle the truth, as Jack Nicholson categorically states), me permito pedir entonces que dejemos de especular sobre terreno fangoso y empecemos a sacar conclusiones que con toda naturalidad se desprenden del hecho mismo.
      La más importante de estas conclusiones, para mi limitado juicio, es que hemos encontrado la luz al final del túnel en el que estamos. Como usted recordará, hace algunas semanas le comenté lo preocupado que estaba porque todos somos sujetos del más despiadado de los espionajes. Con la tecnología que ahora tenemos, le escribía, es muy difícil que escapemos al escrutinio de las agencias de inteligencia. Al parecer esto no es así, al menos no por ahora, porque si todos los gobiernos del mundo y sus agencias no pueden dar con un avión y sus 239 personas, quiere decir que tampoco nos tienen tan controlados como nos quieren dar a entender.
     De veras espero que aparezca el avión y que la gente que iba en él se encuentre con bien. Y más espero que no haya sido objeto de una abducción extraterrestre.
Nos vemos la siguiente semana, ahora sí le prometo que a las 8 en punto, aquí, en De la tierra nacida sombra.
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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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