Y usted, ¿no se manifestaría? – La bici LXXIII

A pesar de que tenía unas ganas terribles para comentar con usted lo del Oscar de Alfonso Cuarón, no me permití hacerlo, porque mi conciencia me dictó que debía escribir sobre la otra gran noticia de la semana pasada. No me refiero a la aprehensión del Chapo Guzmán; esa noticia ya la tenemos todos hasta la coronilla. Me refiero a las marchas “populares” que se organizaron “espontáneamente” para oponerse al arresto y a la eventual extradición a los Estados Unidos del susodicho capo di tutti capi. Creo que esta novedad nos tomó por sorpresa a muchos y provocó en general una profunda indignación. ¿En qué cabeza cabe manifestarse en la plaza pública para abogar por un criminal? ¿Qué es acaso la ética una materia de relleno que sirve sólo para acreditar la preparatoria? Los que vemos el mundo bicolor (es decir, blanco o negro y nada más) contestaríamos a estas preguntas airadamente y aprovecharíamos para señalar con dedo flamígero a nuestro pobre sistema educativo y a la carencia total de valores de nuestra sociedad. Los que piensan que en el mundo no hay absolutos sino matices nos referirían a una realidad que a los estrechos de mente se nos escapa.

Le invito a que se despoje de todo ese bagaje que se ha procurado con tanto esmero a lo largo de su vida. Olvide que estudió en una escuela de renombre, que vive en una casa “decente”, que tiene coche y que puede pagarle a sus hijos una escuela privada. Deje atrás el seguro de gastos médicos, el check-up anual, las vacaciones a la playa, las compras anuales en San Antonio. Olvide todo eso que tiene y pretenda con todas sus ganas involucrarse en la siguiente situación. Le pido sólo un poco de empatía, eso es todo. Imagine que vive en una ranchería en medio del estado de Chiapas; no, mejor en Oaxaca. Su ranchería está enclavada en la sierra y está lejos de la cabecera municipal, a casi dos jornadas de camino. En su ranchería no hay luz, drenaje y servicio de agua potable. Para ir por agua tiene que caminar por 8 horas para llegar al pozo más cercano. Por supuesto no hay policía y mucho menos servicios médicos. Las calles, si así se les puede llamar, son de terracería mal aplanada, que se convierten en un paisaje lunar cada vez que llueve. La expectativa de vida ahí es muy baja porque mueren muchos niños, la mayoría por falta de alimentación adecuada y atención médica oportuna. También mueren muchos jóvenes por causa del machete y la pistola. Las campañas políticas, con sus generosos regalos, no llegan a su pueblo.

Un buen día, llegan unos señores en unas camionetas grandes. Vienen armados, pero no son del ejército ni policías. Uno de ellos, que se ve gente aventajada y al que llamaré como don Importante, pide hablar con el principal del pueblo. Él y el cacique se meten a la casa de este último, dialogan un buen rato y finalmente, después de una hora, salen sonrientes ambos. Los cultivos pasan de legumbres y maíz al de una planta que se paga mucho mejor y sin regateos. Si esto no fuera suficiente, estas personas traen con ellos electricidad, pavimentación, banquetas, drenaje, agua potable, un centro de salud y hasta un billar que vende cervezas bien frías. Aunque no hay policías, las personas de don Importante funcionan muy bien como tales y mantienen el orden. Si todo sigue como va, le dijeron, pondrán concreto en el piso de su casa en vez de la tierra apisonada que tiene. La ranchería en poco tiempo se convierte en un verdadero pueblo en el que da gusto vivir.

Tanta prosperidad llama la atención de los políticos que, ahora sí, llegan como buitres. Ellos tratan de ganarse su voto con despensas y falsas promesas. Los políticos empiezan a decir que la impunidad no puede ser tolerada y que todo el país debe vivir bajo el más firme estado de derecho. Usted no les hace mucho caso, porque el estado de derecho lo único que logró es mantenerlo en la miseria. Molestos, usted y sus vecinos logran sacar a gritos y empellones a esos oportunistas.

Unos pocos meses después se entera que don Importante fue arrestado. Llega de inmediato el ejército y le quema su plantío. No lo meten a usted a la cárcel porque tendrían que meter al pueblo entero. Aún así todo decae y es presa de la delincuencia más atroz. Ahora en su pueblo hay robos, secuestros y aparte usted tiene que dar una cuota de seguridad si no quiere perder lo poco que le queda de su milpa. El centro de salud ya no es atendido por nadie y la CFE llega a poner medidores en todas las casas. Como el municipio no está al corriente en sus pagos, los servicios de alumbrado público, drenaje y agua potable dejan de funcionar. Ni que decir de la seguridad y la pavimentación, se convirtieron al parecer en lujos insostenibles. Lo único bueno es que los políticos se han vuelto a olvidar de la ranchería y ya no se les ve ni cerca. Todo se resquebraja y la pobreza e indiferencia reinan de nuevo. A usted lo recorre un sentimiento de infinita frustración e impotencia. Uno de los hombres, que se encargaban antes de la seguridad, se le acerca y le informa que van a organizar una serie de marchas en la capital del estado para presionar al gobierno para que libere a don Importante. Usted le dice que no tiene dinero, pero este hombre le informa que el viaje, las comidas y la “estancia” serán cubiertos en su totalidad por ellos. Viendo como las cosas han acabado en su pequeña ranchería y a que ya no tiene nada que perder, ¿usted desaprovecharía la oportunidad de manifestarse a favor de don Importante y así tratar de recuperar el estado de bienestar que disfrutó? Estaría usted loco de atar si no lo hiciera, ¿verdad? Entonces, visto desde esta barrera, no parece tan descabellado el pronunciarse a favor de un delincuente. No se preocupe, puede regresar a su cómoda vida y a su justa indignación.

P.S. Ya me gustó esto de andar escribiendo uno que otro post scriptum. Sirva éste de aclaración. Lo que apunté en esta bici es un intento para que abramos nuestros criterios y veamos que la realidad está llena de aristas, recovecos y giros inesperados. Está claro que no es mi intención justificar las marchas en favor del Chapo, marchas —no está por demás decirlo— que fueron organizadas por sus familiares, amigos y colegas (si así se les puede llamar). Mucho menos pretendo justificar las actividades ilícitas porque procuran la prosperidad de algunas zonas marginadas. Estas actividades provocan la muerte de decenas de miles de personas alrededor del mundo. Aún así no podemos ignorar que muchos de estos delincuentes se convierten en verdaderos benefactores de muchos poblados del país, asumiendo con eficacia el papel que le debería corresponder al gobierno. Si se quiere remediar esto, el gobierno no sólo debe abocarse a perseguir a los criminales, también es necesario que actúe como proveedor eficaz de los servicios y los bienes públicos necesarios y que funcione como verdadero distribuidor de la riqueza del país. Este es el punto al que quiero llegar. ¿Qué no es acaso ésta la razón principal por la cual existe todo aparato gubernamental? Por la cantidad de impuestos que ahora pagamos, ¿está fuera de lugar lo que aquí trato de sugerir?

En verdad me da muchísimo gusto que me siga leyendo. Nos vemos el próximo miércoles a las 8 de la noche. Le prometo traer una bici nuevecita a este su blog, De la tierra nacida sombra.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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