Bienvenido – Welcome. La Bici – LXXI

Foto de El Quiosco Mx (elquiosco.mx)Recordemos que los caminos de Dios y del Gobierno son inescrutables. Hay cosas en la vida sobre las cuales nunca sabremos su última verdad. Así como nos será para siempre vedado el misterio de la Santísima Trinidad, así tampoco podremos entender bien a bien el laberinto burocrático que guía nuestras nimias existencias. Si para tapar un hoyo en la calle la “autoridad local” nos requiere de una foto de al menos 10 megapixeles del mismo, su localización precisa expresada en términos de latitud y longitud y de un escrito apostillado y notariado por triplicado que contenga no menos de 5200 palabras justificando la razón por la cual el cráter vial debe ser desaparecido, imagine usted al gobierno federal cuando tiene que organizar una cumbre tan trascendente como la que se celebró el día de hoy entre el Sr. Barak Obama, el Sr. Stephen Harper y, por supuesto, el presidente aquel que osa llevar mi nombre.

Especulemos. En una fría mañana de algún martes de invierno, cuando el presidente revisaba unos abultados legajos en el salón Venustiano Carranza de Los Pinos, entró su asistente para informarle que, ante las importantes reformas que su benemérita administración con tanta valentía y visión de Estado impulsó, sus homólogos de los Estados Unidos y del Canadá habían aceptado realizar una cumbre cuyo propósito principal sería el de revisar y ampliar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Enterado de esto, el presidente convocó a una reunión multidisciplinaria. Exigió la asistencia de los secretarios de economía, de relaciones exteriores, de gobernación, de turismo (¿por qué no? ¿acaso los jefes de estado que nos visitan y sus acompañantes no pueden ser calificados como turistas?), de agricultura y ganadería, de comunicaciones y transportes y de hacienda. El presidente, sabiendo que sus colaboradores están siempre muy ocupados con sus tareas cotidianas, fijó esta reunión para el siguiente jueves a las 5 de la tarde. Durante la misma, después de extensas deliberaciones y contra-argumentaciones, se decidió aplazar toda resolución para establecer el plan de trabajo y organización de la cumbre para el sábado siguiente a las 9 de la mañana. El sábado llegaron los secretarios un poco maltrechos a la junta, porque, como el viernes fue de quincena, decidieron todos irse a festejar la existencia de la vida dispendiosa hasta altas horas de la madrugada. Después de que el último de los secretarios se pudo quitar todas las legañas que tenía, los ilustres personajes abrieron sus iPads y se pusieron a trabajar por 4 horas ininterrumpidas, apurados por la promesa presidencial de que si acababan ese mismo día con su trascendental tarea les daría como premio unos ricos chilaquiles acompañados con agua de horchata. Así pudieron establecer el siguiente plan de trabajo. ¡Escriba ahí, secretario! Las comisiones encargadas de organizar la cumbre del TLCAN estarían supervisadas por el secretario de gobernación y, en caso de haber conflictos irreconciliables entre ellas, por la propia presidencia de la república o, mejor aún, por el comisionado para la paz y bienestar de Michoacán. Las comisiones que se crearon para la organización de este evento fueron las que siguen: la de recepción en el aeropuerto, la de escolta, la de seguridad, la de desaparición de topes y baches, la de bebidas y alimentos (muy, pero muy importante), la de sillas, estrados y micrófonos, la de silbatos, vuvuzelas y banderitas y, por fin, la comisión de carteles de bienvenida. Esta última, por el momento, es la que me interesa.

La comisión de carteles de bienvenida fue integrada por un grupo de profesionales de la secretaría de turismo y por altos funcionarios del municipio de Toluca. Su objetivo principal, como lo dice su nombre, fue la manufactura y colocación de los carteles de bienvenida sobre las avenidas y calles por donde circularían los mandatarios. Las partes acordaron conferir la elaboración de estas pancartas al mismo despacho de diseño que ha estado a cargo de la propaganda de la presidencia de la república, para así “mantener la misma imagen institucional del nuevo gobierno federal”. Un comité compuesto por diez escritores, veinte correctores de estilo, tres legisladores y un abogado es el que estuvo a cargo de los textos que llevaron dichas pancartas y carteles. Aparte se designó a un comité revisor que tuvo la última palabra y que debió velar por la homogeneidad del diseño y la calidad prosódica del texto. Al final, todo el proceso obtuvo la aprobación con firmas y sellos al calce de la secretaria de turismo, el secretario de gobernación y el propio presidente de la república. Una vez superado este último trámite, se dio la instrucción de colocar los carteles en los lugares previamente convenidos.

Se podría pensar que con tanto filtro institucional y de alto nivel, y ante semejante derroche de recursos humanos, monetarios (alrededor de 100 millones de pesos para una reunión de 3 horas) y burocráticos, no cabría la más mínima posibilidad de que pudiera existir un solo error, mucho menos uno que, inclusive, pudiera ofender al más poderoso de los participantes de esta tan importante cumbre. Es por eso que me sorprende que se haya obtenido como resultado una pancarta que con toda claridad y contundencia muestra lo que usted mismo puede descubrir seleccionando con su ratón el siguiente enlace: Haga click aquí.

Como le advertí más arriba, los caminos y los modos del Gobierno, como los de Dios, son inescrutables, a menos que usted me pueda ofrecer una mejor explicación de lo que en verdad ahí ocurrió.

Me gustará mucho poder contar con su compañía el próximo miércoles a las 8 de la noche aquí, en De la tierra nacida sombra.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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