Dime que señales tienes y te diré quien eres – La Bici LXVII

Los organismos multilaterales, académicos y de inteligencia se han partido la cabeza durante décadas para crear un índice que por sí mismo describa con profundidad y amplitud, sin demeritar la concisión, las condiciones generales de un país determinado. Los economistas inventaron los PIB, PNB, INPC y las tasas de desempleo. Pronto se dieron cuenta que éstos indicadores eran muy limitados y sólo les eran útiles a ellos cuando necesitaban justificar su trabajo. Un tipo muy listo, creo que del lejano oriente, se las ingenió para formular el Índice de Felicidad, el cual, por cierto, fue adoptado de inmediato por el gobierno venezolano. El objetivo de tal adopción me resulta más que obvio: demostrarle al mundo entero que en la República Bolivariana de Venezuela la gente es muy feliz. Por supuesto este parámetro de bienestar sólo puede ser medido —y publicados sus resultados— por el ministerio del interior de ese ínclito país. Así que también el Índice de Felicidad, aunque en un principio bien intencionado, se ha convertido en un instrumento más para apuntalar las dictaduras. A algún tecnócrata, de esos pocos que tienen más de dos dedos de frente, se le ocurrió algo más “aterrizado”: el Índice Big Mac. Este parámetro averigua el precio en todos los países del mundo en donde se vende este dañino “alimento”; por medio de la comparación de sus precios se puede deducir la situación económica no sólo de cada nación si no del mundo entero. Creo que este indicador sólo nos informa sobre el potencial que tiene esta empresa para producir más gordos.

Este tipo de mediciones no es para nada concluyente. Parecería ser que la única forma para conocer la situación real de una región es viajando a ella. Mas a todos nos urge un registro que esté más apegado a la realidad y que evite en lo posible que los analistas gringos invadan al mundo; un índice que en sí mismo describa los aspectos más relevantes de una sociedad de una manera sucinta, pero sin perder hondura y relevancia. Después de cavilar muchas horas, por fin he dado con la solución que revolucionará no sólo nuestra percepción de cada país, si no que a su vez revolucionará la forma de operar del mundo entero. Le doy la bienvenida a ser partícipe de un hecho que cambiará la historia de la humanidad: usted presenciará aquí mismo y en este momento la presentación del Índice de Señalización Vial Urbana, Suburbana y Anexas, el ISVUSA. En efecto, la calidad y características técnicas de la señalización utilizada en nuestras urbes, carreteras y los más remotos caminos rurales nos permite ver con rapidez las características relevantes de un país entero. Juzgue usted si no: ¿le guían los letreros con precisión hacia los destinos importantes de una ciudad sin que tenga la necesidad de usar GPS o contratar los servicios de una pitonisa?; ¿son las señales de tránsito respetadas por los automovilistas y también por los peatones y ciclistas?; ¿sirven los pasos peatonales para que la gente cruce con seguridad la calle o más bien sirven para definir el punto de partida de una improvisada carrera de un cuarto de milla?; ¿controlan los semáforos el flujo vehicular o son sólo un mero artefacto que da información cuya fiabilidad aún no está comprobada?; ¿los límites de velocidad son máximos o se interpretan como mínimos? En pocas palabras, si tomamos todos estos elementos en consideración y los ponderamos adecuadamente sabremos mucho más sobre la realidad de un país que lo que nos pueda ofrecer cualquier índice actual.

Tomemos por el momento una de estas variables: por ejemplo, la pertinencia y exactitud de las señales que nos indican cómo llegar a un lugar de especial interés. Este análisis nos permitirá medir cuán competente o abierto es un gobierno por medio de la evaluación de sus conocimientos geográficos. Si cuando usted llega a una ciudad, digamos a Guadalajara, y los primeros señalamientos con los que se encuentra le indican que dirección tomar para llegar a Puerto Vallarta, a Manzanillo o a Aguascalientes, y en cambio no encuentra ni un triste letrero que le informe como llegar a la Avenida López Mateos, a la Minerva o al menos al centro de la ciudad, podemos deducir que los tapatíos no nos quieren ni de broma en su ciudad capital o que de plano ellos ignoran, como nosotros, en donde están la López Mateos, la Minerva o el centro. Fíjese ahora en la belleza de este sistema. Analicemos si podemos comprobar el estado moral de un país. Párese en cualquier cruce que tenga un semáforo. Usted, en donde sea que viva, se percatará que en dicho cruce además de un juego de semáforos hay también sendos pasos peatonales pintados claramente sobre el pavimento (si no los hay, ya obtuvo su resultado y no tiene caso que continúe con el experimento). Es una regla universal que los coches, cuando están en alto, no deben bloquear estos pasos. Si usted ve que tanto los automóviles como las motocicletas y (¡sí, señor!) las bicicletas respetan este sacro santo paso, entonces puede estar seguro que en ese lugar las leyes se hacen respetar y que a cualquiera que se atreva a infringirlas le costará bastante caro y, en algunos casos extremos, hasta podrá parar en la cárcel. Por otro lado, si en Pueblo Quieto nos encontramos a menudo con anuncios que nos machacan hasta la saciedad con mensajes como “No escupir”, “Encienda sus luces”, “Rebase por la izquierda”, “Conserve su distancia” y “Ceda el paso”, quiere decir que esa sociedad en particular tiene problemas graves con su sistema educativo o de plano ha dado a luz a una generación completa de seres humanos con déficit de atención. Me preocupa que en México hayamos ideado un cartel que nos ordena a hacer caso de las demás señalizaciones viales y que reza: “Respete las señales”. Y me preocupa aún más cuando veo que estos carteles han sido utilizados como tiro al blanco.

Nos leemos la próxima semana en punto de las 8 de la noche aquí, en De la tierra nacida sombra.

Anuncios

Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

One response to “Dime que señales tienes y te diré quien eres – La Bici LXVII

  • Erika

    Nada más nos tenemos que parar en el cruce de Insurgentes y Félix Cuevas. ¿Quién respeta el paso peatonal, la flecha para automóviles, el semáforo? Nadie. Pero el día de que haya un atropellado, entonces qué? Bueno, creo que tenemos que educar a gobierno y ciudadano en general.
    Como siempre me encantan y disfruto mucho tus artículos.
    Erika

    Me gusta

¿Qué opinas? Déjanos tus comentarios aquí. (No tienes que estar registrado en Wordpress para comentar)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: