Enrique, sus paranoias – La bici LX

Dicen algunos que soy un tanto cuanto paranoico. A otros, más intolerantes, como mis hijos y mi mujer, ya les anda por internarme en el psiquiátrico más cercano. No entienden que lo mío no ha sido clasificado aún por la ciencia médica. Mi mal radica en ser hijo único.

Los hijos únicos están acostumbrados desde niños a vivir en una relativa soledad. No tienen —para su gran fortuna— hermanos que les compitan o que les quiten sus cosas. Un hijo único cuando juega, juega a lo que se le da la real gana y, no sólo eso, también pone las reglas que crea más convenientes. Cuando ya no desea hacer algo, lo deja de hacer; no es necesario pedir permiso u ocasionar un drama. No necesita compartir el cuarto con alguien más. También tiene garantizado el puesto de copiloto en el coche. Porque permanece más tiempo solo, es más proclive a leer que alguien que se tiene que arreglar con 7 hermanos, 2 perros y un par de padres exhaustos. Cuando un hijo único no puede con tanta belleza, se pone a ver la tele y ve el programa que más le place y punto.

No es difícil entender la hiperbólica reacción que una persona como la que acabamos de describir experimenta cuando las cosas no se dan como ella quiere. ¡Si todo lo que ha hecho en su vida se ajusta a sus caprichos! Pongamos como ejemplos los que a mí me han ocurrido. Cada vez me es más frecuente esta situación: mi coche está estacionado en cualquier calle; esa calle está prácticamente desierta. Subo a mi auto, lo enciendo. Nada más empiezo a hacer la maniobra para salir del lugar en donde me estacioné y en ese preciso instante circulan por la calle que momentos antes estaba desierta coches, camionetas y hasta camiones que salieron de dios sabe dónde. Otro. Hace unas cuantas bicis le relaté mis desencuentros con Tláloc. Estos consisten en que si estoy bajo techo o a buen resguardo no llueve, pero si me atrevo a salir a la calle, aunque sea sólo para comprar unos chocorroles, empieza a llover a cántaros. Es tan grave ya la enemistad entre este dios y un servidor que me han llegado invitaciones para que haga llover en el Sahara (no he ido porque todavía no nos ponemos de acuerdo en el precio y porque no estoy seguro si las artes del dios azteca funcionen del otro lado del charco). Cuando viajo en coche es muy normal que haya mucho tráfico, no importa en donde me encuentre. Si decido cambiarme de carril porque el mío es el más lento es seguro que el que escoja será por consiguiente el más lento. Uno de los pedales de mi bici tiende a incrustarse con inusual constancia en mi espinilla derecha, justo en el mismo lugar. Cuando me cambié a mi actual casa la calle era fea pero tranquila. Ahora sigue siendo fea y se ha convertido en un verdadero circo de tres pistas. Para qué le digo más. Muchos piensan que todo esto que se vuelve en contra de un servidor con cotidiana frecuencia es producto de la fantasía. Yo la verdad juzgo —y a las pruebas ofrecidas me remito— que esto es una conjura universal y no una especie de paranoia como me quieren hacer pensar.

Ahora, si concedo que lo que me pasa no es una conjura sino algo ilusorio y que esta ilusión me es provocada por ser hijo único, ¿cómo pueden explicar las cosas que les pasan de igual forma a otras personas? Pongamos por ejemplo a Andrés López O. Andrés es miembro de una numerosa familia, tuvo 7 hermanos. Dista mucho de ser un hijo único. Y sin embargo nadie ha sufrido más que él los embates de la conjura universal. Fíjese usted, ha tenido que lidiar en contra de fuerzas de formidable magnitud como lo son la central patronal más poderosa de México, los medios de comunicación, los-políticos-corruptos-a-los-cuales-les-gusta-operar-en-lo-oscurito, las ineptas autoridades electorales y, para acabarla de fregar, el Imperio mismo. ¡Y todavía se atreven a decir que yo soy el paranoico!

Eso no quita que esté seguro que fuera de esta oficina una tormenta se está gestando para recibirme nada más salga de aquí.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

2 responses to “Enrique, sus paranoias – La bici LX

  • San Arthur

    Heino, por favor pásame tu itinerario y rutas de la semana entrante, necesitamos movilizar a los peatones, maestros, automovilistas, microbuseros, peseras, metrobuses, etc. antes que salgas de casa y/o de la oficina; y además necesitamos hacer los arreglos necesarios para instalar baches y topes en tus trayectos, así como desconectar semáforos. No tenemos arreglos de lluvia pero si quieres podemos mandar a tapar el drenaje para que padezcas las inhundaciones correspondientes.

    Atte.
    DDF al servicio del electorado.

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