Tláloc, sus delirios – La bici LVI

Tengo la inquebrantable certeza de que Tláloc es bipolar. Bajo el pretexto del calentamiento global, este dios se ha convertido en una verdadera loca de atar.

Como usted bien sabe, yo he desechado mi automóvil porque ahora abuso de mi bici eléctrica. Con mi bicicleta hago menos tiempo en los trayectos a la oficina, no hay maestro o manifestante que me pueda detener, no necesito buscar lugar para estacionarme y, por si esto fuera poco, hago algo de ejercicio. Todo esto está muy bien y me tiene muy contento. Mas, valga la redundancia, siempre hay un pero que vale. Debido a su infortunada situación geográfica esta gran ciudad tiende a recibir cantidades ingentes de agua 6 meses seguidos al año. Esto explicaría los testimonios de viejos cronistas que afirman que este desierto de hierro, basura y concreto era hace muchísimos años un bello lago. Aunque personalmente no lo creo, eso podría bien ser verdad porque cada año esta ciudad capital tiende a inundarse gracias a los afanes del terrible y pendenciero dios de la lluvia. Estos afanes, además, parecen llevar dedicatoria. Cada vez que intento regresar a casa del trabajo o viceversa, es decir, cada vez que pretendo usar mi bici, sin deberla ni temerla se encapota el cielo, se arremolinan los poderosos vientos y se sigue una descarga de agua y hielo de proporciones diluvianas. Es curioso, el día de ayer intenté salir 4 veces de la oficina. Mis intentos se daban cuando oía desde mi despacho que la fuerza de la lluvia amainaba a niveles razonables. Era nada más cosa de apenas sacar la rueda delantera de mi bici para que la lluvia arreciara con altiva prepotencia y lujo de truenos. Finalmente regresé a casa, empapado.

Sé que esto en realidad no es nada, y antes de que me acuse de superficial lea lo que sigue. La muy reciente serie de desastres ocasionados por esos malvados hijos del susodicho dios azteca, que responden a los nombres de Ingrid y Manuel, quedará registrado en la historia de la meteorología mexicana como uno de sus actos más infames. En sólo un par de días este par de esperpentos descargaron sobre la tierra toda el agua que normalmente se recibe a lo largo de un mes. Para acabarla de fregar, estos hijos de su ciclona madre siempre tienen el tino de devastar las zonas más marginadas. Pero espere un segundo, estoy mintiendo con inaudito cinismo. Muchas (que no todas, ojo) de estas zonas marginadas están habitadas por la población más beneficiada por el paternalismo oficial. Para muestra este botón. A las faldas del Ajusco, en el Distrito Federal, encontramos colonias relativamente nuevas (no tienen más de 25 años) que se construyeron sobre terrenos de dudosa estabilidad y que con los aguaceros tienden a reblandecerse de forma dramática. Esas colonias las formaron invasores de terrenos federales y de milpas. Las autoridades, a cambio de los votos de estos ladrones, legalizaron sus propiedades. Coincide en un gran porcentaje de los casos que esos invasores, para ponerle un poco más de limón a la herida, son por lo general comerciantes callejeros “informales”, vendedores de artículos robados o pirata, y hasta simples y llanos delincuentes. Es decir, son “empresarios” que tienen la fortuna de robarse con impunidad la electricidad pública y de gozar de la (in)justa indulgencia para no pagar impuestos. Entonces cuando la ira del cielo se descarga para llevarse de corbata tanta aberración populista, resulta que los daños ocasionados son tan grandes y es tanta la gente —esta gente— afectada que nos vemos los demás ciudadanos, los que que sí pagamos impuestos, en la obligada necesidad de ayudarlos bajo nuestro coste y riesgo con materiales, alimentos y medicinas.

Es evidente que después de releer lo arriba anotado nos demos cuenta de que Tláloc no es bipolar. Los bipolares somos nosotros, los que pagamos impuestos.

P.D. Esto no implica en lo absoluto que no sea solidario y no pida solidaridad para las decenas de miles de damnificados por las recientes tormentas. Mi sentido pésame para quienes hayan perdido un ser querido durante estos terribles acontecimientos.

Anuncios

Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

¿Qué opinas? Déjanos tus comentarios aquí. (No tienes que estar registrado en Wordpress para comentar)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: