El mundo desde mi bici – XLVI

Ahora sí va en serio. El mundo se nos va a acabar. Son demasiados ya los portentos que lo presagian. Las predicciones que se les atribuyeron a los mayas sobre el fin de nuestro planeta fueron finalmente incontrovertibles. Los arqueólogos, antropólogos, filólogos, astrónomos y eminentes matemáticos de todo el mundo dedujeron por regla de tres el supuesto vaticinio maya. Y digo supuesto vaticinio porque —es pertinente decirlo— los mayas nunca expresaron que el mundo se iba a acabar. Resulta que algunos estudiosos de la cultura maya se dieron cuenta que su calendario contaba sólo hasta la gregoriana fecha del 20 de diciembre de 2012; este hecho los hizo suponer que los mayas le habían puesto punto final al planeta en donde vivimos. La mera verdad está en que a los mayas simplemente les dio flojera registrar la eternidad. Al abandonar la imposible tarea de contar el infinito tiempo condicionaron sin querer el curso del mundo: cuando su calendario dejó de contar los días esta Tierra nuestra se empezó a acabar.

Vea nada más el patético espectáculo. Los polos se deshielan al grado que se han avistado varios osos polares sobre pequeños icebergs frente a las costas de Acapulco y los nuevos libros de texto sobre ciencias naturales consideran a los pingüinos como aves tropicales (sino lo cree pregúntele a mi compadre). Cada vez más metros cúbicos de nieve tienen que ser retirados de calles y carreteras durante los inviernos en los países nórdicos. Gracias al liberalismo exacerbado, los integrantes del movimiento grunch y los indios comanches del Colorado llenan exultantes sus despensas con churros de mariguana. Los noticieros dan por primera vez la noticia de la caída de un meteorito sobre una ciudad; las imágenes del inaudito hecho inundan la Internet. En Roma escogen a un cardenal jesuita como Papa; el cual se describió a sí mismo, para acabarla de fregar, como el Papa del fin del mundo. El mejor equipo de futbol de la historia pierde súbitamente el estilo, y equipos de mediana estatura, como el Madrid o el Bayern München, le ganan con facilidad. Mientras tanto, en la península de las dos Coreas, la del norte pretende incendiar al planeta con palabras más que con armas. En el territorio en donde se asentó la antigua Persia el ligero movimiento de dos placas tectónicas advierte al mundo entero sobre el gran poder de la Naturaleza, que es mucho mayor a cualquier arma de destrucción masiva. Preocupados por la recesión en la que están sumergidos los países “avanzados”, los chinos se truenan los dedos porque este año su PIB sólo crecerá el 7.5%. Margaret Tatcher muere, y como mala hierba nunca muere, cuando muere ¿entonces qué? Para finalizar, el domingo de hace ocho días cae un meteorito cerca de Toluca y momentos después tiembla en el D.F.

Y mientras todo esto sucede, aquí, en mi casa, no nos enteramos de nada.  Como a mi alada esposa le ha dado por agotar todo el acervo cinematográfico desde Lumière hasta Sky Fall, a Goyito por ver todas las series de acción que se han producido en Hollywood, a Don Balón por mimetizarse con su smartphone y a un servidor por escribir estos bodrios (siempre bien intencionados, hay que decirlo) no nos enteramos de tanto desastre como deberíamos, al grado de que ni llegamos a sentir los temblores que hay en esta inestable ciudad.  Así que ya sabe, si usted está buscando un lugar en donde refugiarse cuando nuestro planeta decida encontrar su fin véngase a mi casa, que después de todo aquí no pasa nada.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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