¿Cómo trasquilar una tarántula?

A las arañas les tengo pavor.  Creo que no hay animal sobre la tierra que me provoque tanto terror como una araña.  Me he enterado que a muchas personas les gustan las arañas, en especial su tipo más repulsivo: las tarántulas.  Estos pobres inconscientes hasta las convierten en sus mascotas.  Y ahí tienen a uno de estos bichos caminando sobre las inocentes manos de sus niños, que no saben que lo que acarician, como si de un perro se tratara, es una tarántula Goliat bebé, que se distingue por ser de las más grandes y ponzoñosas.  Sé que mi miedo (como todos los miedos de este mundo) es en gran parte irracional, y es un poco frustrante descubrir que cada vez que lo analizo llego a las mismas conclusiones que lo afirman, más que lo refutan.  Detesto lo peludo que son las tarántulas.  Sus colores, a veces demasiado vivos, sus rayas negras.  Detesto su sospechoso sigilo, la forma tenebrosa que tienen para desplazarse sobre este mundo.  No puedo controlar la repulsión que me provoca ser observado por cuatro pares de ojos que pertenecen a un solo animal.  Imaginar su igual número de patas posarse sobre cualquier parte de mi cuerpo me es terrible, así como saber que cerca de mi piel están sus ominosos colmillos y su nefasta ponzoña.  Y viendo todo esto un poco a distancia, especulo que lo que más repugna de este inocente animal es todo ese pelo multicolor y rayado que lo cubre por completo.

Tal vez si les quitáramos todo ese pelambre, las tarántulas no serían tan aborrecidas por los que las aborrecemos.  Tal vez, inclusive, podríamos lograr que una mayor cantidad de personas pueda tolerarlas aunque sea un poco.  Y he aquí la utilidad de este manual, que nos enseñará, paso a paso, cómo trasquilar una tarántula.

Para poder sojuzgar a una tarántula, me queda claro que lo primero que hay que hacer es armarse de muchísimo valor.  Para ello existen varias fórmulas.  Mas antes de continuar, entendamos primero qué es la valentía.  La valentía es uno de los estados de la inconsciencia.  A este estado de inconsciencia se llega ya sea por una desviación mental auto-adquirida o por medios químicos externos que uno debe introducir en su organismo de alguna forma.  Un ejemplo de desviación mental auto-adquirida es el heroísmo que muestran algunos soldados en el campo de batalla.  La valentía los hace brincar fuera de sus trincheras para acribillar, cada uno  y en una sola andanada, a 10 o 15 enemigos antes de ser aniquilados.  No creo que usted, como yo, sea tan estúpido para lanzarse con sus pies descalzos a un terreno plagado de tarántulas para pisar las más posibles.  Además lo que queremos es trasquilar tarántulas, no matarlas.  La ingestión de ciertos químicos se nos revela como una solución más práctica.  No se vale aquí el uso de algún psicotrópico, ya que están prohibidos legalmente, a menos que usted viva en Holanda.  Sólo en este caso podrá usar un poco de hachís o de mariguana sin temor a ser arrestado.  Si vive en un país como México, entonces el tequila será un excelente vehículo.  Pero cuidado, se trata de armarse de valor, no de perder el conocimiento.  Le sugiero acompañe la ingesta de tequila con unos tacos de carnitas, guacamole, tortillas y algo de chicharrón.  Cada taco acompáñelo de un caballito de tequila.  Pronto estará en un estado entre simpático y enigmático.  Verá que en ese estado a uno le importan pocas cosas y las arañas no son una de ellas.

Una de las ventajas de las tarántulas es que son fácilmente localizables.  Si usted se va al Pedregal de San Angel o a Ciudad Universitaria descubrirá una casi debajo de cualquier piedra.  Tenga cuidado de no ir a algún lugar cuya entrada esté iluminada por un foco rojo.  Ahí seguramente encontrará otro tipo de arañas, también patonas y peludas, que le querrán cobrar al menos mil pesos por salir de su guarida.  Ese tipo de arañas no las queremos trasquilar, ¿de acuerdo?  Ya que tenga su tarántula, póngala en una lata vacía de frijoles de 450 gramos.  En ella cabrá cómodamente.  Vaya a la ferretería más cercana y pida ocho grilletes de cierre automático tamaño 12.  Estos grilletes están especialmente diseñados para tarántulas que no midan más de 8 pulgadas.  Si usted se consiguió una tarántula más grande, tírela y vaya por una que no rebase las 8 pulgadas de largo.  No olvide mantener su estado etílico en un buen nivel.  Será necesario que lleve un poco de tequila para ir tomando en el camino.  Cuando llegue a casa coloque los grilletes en cada una de las patas de la tarántula.  Junte los extremos opuestos y anúdelos.  Acto seguido, cuelgue a la tarántula de un perchero.  Listo.  Si tiene una máquina rasuradora eléctrica, conéctela a la corriente y trasquile a su bicho.  Si lo que tiene es un rastrillo, entonces necesitará también espuma para rasurar.  Ponga un poco de espuma en todo el cuerpo de la araña y utilice el rastrillo con cuidado de no cortarla, en especial en sus patitas que tienden a moverse nerviosas.  Limpie después cualquier remanente de espuma que haya quedado en su tarántula.

¡Muy bien!  Ya tiene a su tarántula perfectamente trasquilada y limpia.  Sin embargo, espere un momento.  ¿Qué es ese brillo viscoso sobre el cuerpo del animal?  ¿Qué es esa piel, tan negra y reluciente?  ¿Por qué los ojos ¡y los colmillos! de ese terrible monstruo parecen más grandes que antes?  Y ahora se mueve frenéticamente, como si estuviera muy enojada.  Los colmillos se mueven también, buscando algo qué morder en venganza a lo que le han hecho.  No, no es el pelo nada más lo que me da pánico, es el bicho en sí.  ¡Dios mío!, ¿podría ayudarme para descolgarlo del perchero y llevarlo muy lejos?  ¡Por favor, se lo pido!

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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