El mundo desde mi bici – XXXV

Aunque no es algo exclusivo de mi generación, la nuestra se dio a la tarea de encriptar el lenguaje torciendo el significado de algunas palabras.  Esto es una faceta normal en la juventud y se hace tal vez por dos razones: para ocultar el sentido de las conversaciones y para crear un vínculo generacional que la diferencie.  Ejemplos claros que otras generaciones nos legaron son las palabras chavo, chale y chido.  Mi generación cambió el significado (que no la forma como en los ejemplos anteriores) de varias palabras.  Me vienen a la memoria por el momento sólo tres: intrínseco, intravenoso y enjaretar.  Para el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su vigésimo segunda edición, la palabra intrínseco es un adjetivo que describe algo íntimo o esencial.  Intravenoso, por otro lado, nos dice que es algo que está o se pone dentro de una vena.  Y la palabra enjaretar es hacer pasar por una jareta un cordón, cinta o cuerda.  Pues bien, para nosotros intrínseco significa algo molesto, algo que intrínsecamente molesta.  Por ejemplo, una mosca es intrínseca (molesta muchísimo).  Nuestras esposas se convierten en unas intrínsecas cuando se oponen a nuestros legítimos intereses, como el de ir a jugar dominó con los amigos los jueves por la noche.  Esta palabra es a su vez un verbo: te voy a intrinsecar; es decir, te voy a chin… molestar mucho, vaya.  La palabra intravenoso vale lo mismo que la palabra indiferente.  Me es intravenoso.  Es decir, me vale poco.  Enjaretar para nosotros significa imponer.  Le enjaretó a su hermana.  Lo que significa que le endosó a su hermana (cosa de por sí rara en un mexicano, verdaderamente).  Esta palabra también la hicimos sustantivo: el enjarete.  La imposición.

Establecidas pues estas básicas definiciones, puedo decir sin miedo a no ser comprendido que a los jóvenes de hoy les encanta enjaretarnos cosas de forma intrínseca, siendo esta mala práctica totalmente intravenosa para ellos.  Estudie usted este caso.  Está uno frente al televisor después de una difícil jornada; cansado y con bastante mal humor.  Para bajarle al menos dos rayitas a este mal humor, decide sintonizar algún canal cuya programación sea fundamentalmente boba.  (Para el caso Warner funciona de maravilla.)  No se trata de pensar, ni siquiera de reír.  Se trata simplemente de que las imágenes y los diálogos fluyan libremente desde el televisor hasta nuestro cerebro, sin que el tamiz de la razón influya en el proceso.  Cuando uno está justo en esto, llega inopinadamente, digamos, Goyito.  Toma el control de la tele y sin siquiera preguntar cambia de canal.  Por lo general decide por uno en donde salgan cirujanos o vampiros en plena faena.  Usted sabe de antemano que estos programas son los menos indicados para disminuir el estrés, considerando que en ellos se vierte una cantidad importante de sangre sobre la pantalla de nuestro televisor.  El susodicho se queda sólo unos momentos viendo su infame programa, porque casi enseguida decide largarse a su cuarto para hablar con la novia por teléfono.  Por supuesto se lleva distraído el control remoto y me deja sintonizado el delirante programa.  Mis protestas no alteran a Goyito que, intravenosamente, camina con el control a su cuarto.

Esta situación tiende a invadir la vida pública de este atribulado país.  Hace seis años, el Peje nos enjaretó unos inoperantes distribuidores viales y un picnic en Reforma.  Hoy nos enjareta un movimiento ‘democrático’, dizque juvenil, compuesto de ‘atencos’ y miembros del SME.  Por supuesto todo esto le es verdaderamente intravenoso, y al mismo tiempo le complace mucho porque al parecer es muy intrínseco.  Intrínseco es también el hecho de que al actual presidente sólo le haya interesado difundir sus avances en la guerra contra el crimen organizado.  Creo que no se ha dado cuenta todavía que su ‘estrategia’ terminó por intrinsecar las aspiraciones de su partido para continuar en la presidencia de la república.  Y para acabarla de fregar, algunos gobernadores de cierto partido tricolor le enjaretaron a sus estados, intrinsecándolos también, sendas deudas que pintan para mal, muy mal.

¿Capisci?

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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