El mundo desde mi bici – XXXI

Soy feliz. Acabo de descubrir que tengo al menos algo en común con personas como Charles Darwin, Edvard Munch, Jorge Luis Borges (¡súper wow!), Howard Hughes, Isaac Asimov, Marilyn Monroe, Woody Allen, Kim Basinger y Joaquín Sabina. Adivine, siempre atenta lectora, qué es. No, no es el encanto. Mucho menos es la genialidad. Físicamente, creo, no me parezco a ninguno de los caballeros citados. Tampoco es eso que usted está pensando ahora. Lo que todos ellos tienen en común conmigo es que cultivan o cultivaron (según sea el caso, ¿verdad?) el delicado y elaborado arte del insomnio.

No es fácil llegar al nivel de excelencia que finalmente he alcanzado. Conseguirse un buen insomnio, uno que lo acompañe a uno todas las noches, no es cosa fácil. Primero tiene uno que tener cierta edad. El insomnio se empieza a ganar realmente cuando tiene uno al menos 40 años. Unos médicos mal informados dicen que el insomnio lo provoca la falta de melatonina. Esta sustancia, dicen, la produce normalmente nuestro cuerpo y es la que se encarga de regular nuestro sueño y, además, la percepción que tenemos del transcurrir del tiempo. Estos doctores de poca monta dicen que con la edad uno va perdiendo la capacidad para producir melatonina, provocando que nuestra sensación del paso del tiempo se acelere y también que cada vez durmamos menos. Explican que por esta razón la gente mayor se duerme tarde y se despierta temprano. Esto es totalmente falso. Conozco a varios adultos mayores que se duermen como a las 8 de la noche y que no dan muestras de vida sino hasta después de las 9 de la mañana. No doy nombres para no dañar su bien labrada reputación. Los insomnios como el mío no tienen nada que ver con la fisiología, sino con el tesón y el esfuerzo continuado. Mire usted, tengo un nivel de deudas creciente que parece nunca ceder. Estas deudas las he ido nutriendo desde hace ya más de veinte años, poco a poco, con paciencia. No es nada fácil, viéndolo bien. El haber empezado a trabajar en un México como el de los ochenta (devaluaciones constantes, hiper-inflación, cracks bursátiles, desempleo, pérdida inexorable del poder adquisitivo) y constatar que desde ese entonces no podemos recuperar al menos el país que teníamos antes de que los presidentes se pusieran a ladrar, no es cosa que se pueda menospreciar. Hay un timing, un don de la oportunidad, que no a todos tocó vivir y que sabiamente he sabido aprovechar. Desempeñarse profesionalmente en un ambiente tan poco propicio y causarse de esta forma un estrés cabalgante, gastrítico y poblado de tics nerviosos es realmente encomiable. Sólo así es posible conseguirse un buen insomnio como el mío.

Y usted creerá que es horrible lo que me sucede. Despertarse a las 3 de la mañana en punto, todos los días de la semana, sin tregua posible. Abrir los ojos y descubrir que cada vez uno es más miope. Ahora recuerdo que cuando era niño podía ver con detalle, aún en medio de la oscuridad, el techo tiroleado de mi recámara. Encontraba en él cumbres, valles, estepas, ríos y hasta poblados. Después de poco tiempo, absorto en este mundo al revés, me vencía de nuevo el sueño. Ahora no veo ni el techo, simplemente una oscuridad porosa, difuminada, atroz. Decido entonces recurrir a mi iPhone, ese aparato que es libro, sudoku, feis, tuiter y a veces teléfono. Y con él frente a mis ojos alargo mi insomnio por una o dos horas hasta que el impertinente sueño me apresa entre sus garras. Y realmente no es horrible todo esto. Descubro a esas horas que hay varios que “sufren” mi mal, aquellos que subrepticiamente se cuelan a sus perfiles de las redes sociales y publican cualquier cosa. También esas horas le permiten a uno leer largo y tendido, sin interrupciones, sin ruido casi. ¿Cómo le describo, lectora amiga, la inmensa lucidez que por la madrugada se adquiere para jugar al sudoku? El insomnio no es tan malo como lo pintan, y mucho menos lo es cuando uno sabe que, tal vez a la misma hora en que uno está en vela, lo acompañe, sino en el espacio al menos en el tiempo, una mujer como Kim Basinger.

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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