El mundo desde mi bici – XXV

Decir que estoy consternado es decir muy poco.  La palabra tal vez sea abatido.  Hay algo de rendición en esta palabra que describe mejor mi estado de ánimo.  Es ya un lugar común, es más, es un maldito eslogan de campaña decir que hay más gente buena que mala en este mundo.  Y sin embargo, las cosas suceden y suceden mal, y cada vez están peor.

Si había un país que se podía jactar de su pacifismo, de su educación, de su muy desarrollada civilidad, ése era Noruega.  Para que se me entienda.  El delito de terrorismo allá no estaba tipificado en el código penal antes del 11 de septiembre de 2011.  No es poca cosa.  Sólo recordemos el polvorín terrorista que diezmó casi toda Europa a partir de la década de los 70: München, París, Madrid, Roma, hasta Ginebra fue presa de él.  En Noruega no pasaba nada de eso.  Se tipificó el delito de terrorismo en Noruega por lo ocurrido hace ya casi diez años en Nueva York.  Vaya, fue más una decisión política que un acto necesario.  Desde ese entonces nunca se había aplicado esa ley.  Dirán los técnicos en derecho: el delito de terrorismo no formaba parte del derecho positivo noruego.  El viernes pasado, por medio de un atentado de bomba y uno más cruel todavía, como lo es matar a niños y a niñas a balazos, …

Simplemente imaginar la escena.  Un policía les dice a los chavos que tienen que ir a cierta zona de la isla, que hay un problema de seguridad muy grave.  Se juntan todos obedientes y siguen confiados al tipejo ése.  Una vez todos juntos, ven cómo el policía empieza a abrir fuego contra ellos, y van cayendo, uno a uno, en medio de gritos, de confusión, de llantos, de terror, hasta que le toca su bala al que todo esto ve.

…todo se fue al traste y la maldita ley tuvo que ser aplicada; convirtiéndola en derecho positivo noruego.  Uno de los últimos reductos de la paz ha sido violentado por un grupúsculo de orates que utilizó a un idiota, llamado Anders Behring Breivik, para conseguir “su más alta misión que pretende acabar con el islamismo y con el marxismo en su país”.  ¿Cómo no rendirse a la ira que ahora me embarga?   Una vez más la matanza, el genocidio, sustentados sobre los inconmovibles cimientos de la ideología y la religión.  Tal vez este “Estrecho de Behring” se sienta orgulloso de sí mismo cuando se le compara con Hitler, con Timothy McVeigh, inclusive con los cabecillas de la ETA o el ERI.  Pero también se ha convertido en un émulo de aquellos que él pretende atacar: Osama bin Laden (o lo que éste represente), Stalin, Mehmet Alí Agca.  Y tal vez lo peor es que todo esto es historia vieja, repetición ad aeternum de un modo que parece ser esencialmente humano: la propia aniquilación.  Porque lo que el Sr. Breivik no acaba de entender es que con su acto de libertad ha aventado a su familia, a su comunidad, a su país y al mundo entero (no es hipérbole, es verdad) a un futuro incierto, lleno de malas ideas (cómo volar un edificio, a unos niños, a un tren, a gente inocente en mil pedazos), inmerso en el peor de los oscurantismos: la violencia razonada, premeditada, tecnológica, llevada a su máxima y más simple expresión.

Y uno no deja de pensar que algo así o peor también nos está pasando, ya cerca de nuestras casas, en Monterrey, en Morelia, en Tampico, ante la mirada perpleja de nuestras autoridades.  ¡Qué desesperanza, de veras!

27 de julio de 2011

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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