El mundo desde mi bici – XXI

Debemos de reconocer que cuando echan a la selección de cualquier torneo, por ejemplo la Copa América, uno se distiende y toma las cosas con más calma y hasta disfruta uno mejor de ese manoseado deporte llamado futbol.  Así me pasó en esta Copa América, como en tantos mundiales de mi infancia, mi juventud y mi madurez.  Se calza uno sus viejas pantuflas, su mejor bata, se hace un chocolate caliente y se pone a ver el futbol como lo que realmente es: un deporte sin trascendencia real.

¿Y qué tal este fin de semana que acaba de pasar?  Insisto, yo creo que el mundo sí se va a acabar.  Repasemos, nada más por fregar, el cuadro argentino. Messi, Tévez, Cambiasso, Zanetti, Mascherano, Higuaín, Di María, Milito, Burdisso, Zabaleta, Gago, Agüero, Lavezzi y el otro Milito, ah, y el portero ése que lo conocen en su casa, Carrizo.  No es por nada, ¿pero cuánto ganan estos chamacones en sus equipos?  ¿Cuánto ganan de primas por estar en la selección argentina?  Pues parece que ganan lo que yo gano o tal vez hasta menos, quién sabe, porque realmente todos juegan del nabo.  Ni qué decir de Brasil, que ni de chiste se atreve a meter un gol.  Chile se la pasó tirando baba en todo el torneo, inclusive cuando le ganó a México en la etapa de grupos.  Y Colombia, la reconstituída, se fue sin pena ni gloria, un poco cacheteada guajoloteramente por el equipo peruano.

Nos dice el Señor Barbitas, que sale en ese canalito de la TV de paga llamado TDN, que lo que sucede es que los equipos se han emparejado, que Venezuela no es el pelele de antes, que ha subido de juego exponencialmente; que Perú dejó el toque cadencioso por la verticalidad y la fuerza, que Paraguay se sabe defender con su catenaccio tropicalizado, y que Uruguay ganó por puro pundonor y garra.  El Señor Barbitas y sus compinches (que también casi todos tienen barbitas) creen que somos estúpidos.  Venezuela, en efecto, se propuso jugar al futbol, pero no lo hace mejor que los Xolos.  Perú es más pateador y marrullero que vertical y fuerte.  Si lo de Paraguay es catenaccio, entonces ¿qué fueron esos tres tiros al poste, lo tiros fallados a quemarropa y las no-sé-ya-cuántas-llegadas del Scratch du Oro, sin contar 4 penas máximas fallidas?  Así como que muy excelso a la defensiva Paraguay no es.  Será excelso en brujería, porque a Brasil lo que se le apareció fue el “payaso” el día de ayer.  Y Uruguay, más que garra y coraje, le echó mucho coco, se organizó bien defensivamente y hasta el momento nadie ha podido con ellos.  Más que subir de nivel, el futbol ha bajado al nivel de los cañeros del Zacatepec.  Dicen esos hombres sabios que la solución es “acercar este semi-continental torneo al fin de las temporadas de liga, para que los jugadores no pierdan ritmo”.  Lo que pasa es que nuestros “comentaristas y analistas” que-sí-saben-de-futbol (y no como uno que se la pasa opinando barbaridades), se apegaron a las opiniones estilo Fernando Marcos y “Che” Ventura, opiniones que tal vez (lo dudo) fueron válidas hace 40 años.  Y, el señor lector (más bien la señora), me responderá ahora: Sr. Boeneker, aparte de aburrir, ahora se enoja.

Y la verdad no estoy enojado.  Estoy perplejo, porque lo que realmente está sucediendo es la incuestionable decadencia del deporte-más-popular-del-mundo, al menos en tierras americanas.  ¿Cómo podemos comparar este torneo en donde se han metido menos goles, no porque no haya habido oportunidades, sino porque los “delanteros” no las saben meter, con la Copa Europea de Naciones?  ¿Cómo podemos explicar que la Argentina (¡esa Argentina!) no pueda hilar tres pases seguidos?  ¿Y lo de Brasil que, como dice un amigo, es gigante pero no grande?  Vaya, la final no fue México vs Costa Rica por mera casualidad.

Mas la pura verdad es que esto está muy divertido, y se va a poner más cuando la final sea Venezuela contra Perú.  Estoy seguro que ni los venezolanos la verían.  Yo, paciente lector, yo sí me canso que la veo, porque estoy muy agusto con mis pantuflas, mi bata y mi chocolate caliente.  ¡Salud!

18 de julio de 2011

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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