El mundo desde mi bici – XVI

La tecnología es un arma de doble filo y a veces tiene más filo de un lado que del otro.  En el lejano año de 1995 era todavía un joven sin mucha experiencia  que trabajaba en una empresa familiar, la cual se dedicaba a representar compañías extranjeras.  En ese 1995 fue cuando conocí la Internet.  Entonces abogué, como estupendo lobbyista, a favor de la urgente contratación de un acceso a la-red-de-redes.  Basta decir que en aquel entonces la conexión-más-rápida (y única posible para los que no teníamos un poder económico equiparable a The Coca Cola Company) era de 56 Kb.  Con esta conexión ultra rápida se podía bajar un archivo de 3 Mb – claro, si la comunicación no se cortaba y la línea telefónica no tenía “ruido” – en sólo 10 horas con 38 minutos y 15 segundos.  Mi argumento fue soportado más en la necesidad de adoptar los correos electrónicos como medios de comunicación, siguiendo el trend mundial, con la promesa de reducir nuestros gastos de comunicación.

Después de un par de semanas de necear de lo más lindo, la Internet llegó a mi vida.  Y con ella, la belleza de la información ilimitada (pero inexacta), la comunicación instantánea y el desasosiego del junk mail.

Ya son 16 años y es increíble lo que la gente hace con la Internet, y como hace mucho, hoy sólo me voy enfocar a lo que más me enfada: los correos electrónicos.  En primera, creo yo, está mal dicho “correo electrónico”.  Nos debemos de referir al correo electrónico como al medio en donde circulan las cartas electrónicas (es decir, la misma Internet).  No les decimos calles ni carreteras a los coches, les decimos coches.  ¿Por qué nombrar correo electrónico (email) a las cartas electrónicas (eletters)?  Tal vez, viéndolo bien, porque eletters no se ve tan bonito como email, o tal vez porque la palabra email tiene tres letras menos, o tal vez porque el que acuñó el término no tiene ni remota idea del idioma que habla.  Y, ¿por qué reincidimos en el yerro y los hispanohablantes nombramos a este dispositivo electrónico las más de las veces como email y cuando nos queremos ver muy puristas y defensores del lenguaje como correo electrónico?  Esto tal vez porque nos encanta copiar todo.  Pero mi problema con el correo electrónico (y va otra vez la burra…) no es nada más cómo lo llamamos, sino lo que recibimos a través de él.

Debimos de haber vislumbrado que como el correo tradicional, el electrónico iba a degenerar para convertirse en un medio publicitario más.  Y sí, primero así fue.  Empezamos a recibir “promociones” de negocios establecidos que consiguieron nuestras direcciones de correo electrónico  a través de las bases de datos bancarias.  Eso no está tan mal, si se le ve con un poco de retrospectiva, ya que ahora podemos recibir de otro tipo de “negocios” ofertas de viagra, de escorts, de relojes pirata y hasta de premios millonarios (en dólares, por supuesto) que nos ganamos en una suerte de rifa global a la cual nunca nos suscribimos.  Todo para robarnos, literalmente, el saldo de nuestra cada vez más magra cuenta de cheques o de nuestra tarjeta de crédito.  Hay, sin embargo, todavía dos tipos de correos electrónicos que se me hacen más chocantes.  Empezaré por el que es menos chocante de los dos: las cadenas.  Cuando veo las letras FW o RV en el asunto de un email que me fue enviado por un familiar o un amigo, seguido de un título espectacular y amarillista como “El mejor chiste del año”, “Por favor no lo borres, léelo”, o “Se necesita ayuda urgente, mi perro está perdido”, la verdad, la verdad, la verdad, lo mando mucho a la carpeta de “Elementos Eliminados”, para inmediatamente después vaciar su contenido.  Vaya, para que me entiendan, ni siquiera los leo.  Y la peor especie de email se lo lleva, cómo no, el que viene con respuesta con copia a todos (y me refiero a todos).  Me explico.  Un amigo nos manda un correo a varios otros amigos invitándonos a una reunión.  Hasta ahí todo va bien.  Cuando se echa a perder el asunto es cuando uno de esos amigos le informa al organizador de la reunión que no va a poder asistir, y al hacerlo selecciona el botón “Responder a todos”.  Todavía esto lo encuentro más o menos justificable, porque el susodicho emisor cree que es lo suficientemente importante para que nos enteremos todos de que va a faltar a la reunión.  Antes de que me tachen de amargator plus, lean lo que sigue.  El emisor original, impunemente, le contesta al faltista, por supuesto con copia a todos, que no se preocupe, que aunque se le va a extrañar, espera que a la siguiente no falte.  A estas alturas, ya más de dos respondieron, con copia a todos, lo mucho que sienten que el suscrito no pueda asistir a la próxima reunión.  Por supuesto uno ya tiene su “Bandeja de entrada” llena de inconsecuencias y falsos lamentos que lo único que hacen es quitarle el tiempo y el valioso espacio en disco.  No le queda a uno más que borrar todo el historial de necedades de forma definitiva.

En pocas palabras, aquí su escribano recibe sólo 2 correos útiles por cada 100 al día.  Digamos que esto demuestra fehacientemente que cuando uno es joven no toma las mejores decisiones de su vida.

27 de junio de 2011

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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