El mundo desde mi bici – XIV

Así como hay días en que uno hubiera preferido no levantarse, así también hay semanas. Esta semana es una de ésas en que uno hubiera preferido estar en Dakota del Norte, asediado por un oso grizzly, o en casa de su suegra. Para que cuadre bien el asunto tendré que empezar la semana desde el pasado sábado, justo cuando las cosas se fueron torciendo poco a poco.

Mi alada esposa decidió el pasado fin de semana irse de “retiro” budista y llevarse a nuestro pequeño gran Rockstar (gracias una vez más Pilar por el mote) y a una muchedumbre de proto-monjes-monjas, dejándonos a Don Balón y a un servidor solos en México.  Esto se oye muy bien, si no fuera porque nos dejó una pequeña tarea… tramitar el pasaporte que Don Balón necesita para irse al Perú y al Brasil este verano, para participar con su equipo celeste en un torneo de futbol por esos amazónicos lugares. Mi alada mujer me dejó todos los papeles listos con sus respectivas copias y una cita para realizar este trámite, así que aparentemente nada podía fallar. Me llamó la atención que ahora la SRE también diera citas, y se lo comenté a mis compañeros de trabajo y a algunos amigos. Todos, sin excepción, me dijeron que el sistema de citas de la SRE era magnífico, que el servicio era insuperable y que ya vería que en un dos por tres tramitaría el pasaporte de Don Balón. Nuestra cita era el sábado a la 1:40 de la tarde. Mentalmente ya me había programado que del susodicho trámite saldría, a más tardar, a las 3 de la tarde, hora idónea para largarse a comer al restaurante que a uno le plazca. Pues bien. Don Balón y aquí su escribano llegaron puntuales a la cita. La revisión previa de la documentación la pasamos airosamente, peeeeeerooooo nos faltó llevar una pluma negra (mi alada esposa me había ya advertido de esto), por lo que Don Balón tuvo que ir a comprar una vuelto muy rápido. Ese pequeño percance sólo nos tomó unos 10 minutos. Una vez que tuvimos la pluma, pudimos pasar a un módulo en donde una vez más nos revisaron todos los documentos que llevábamos y nos dieron una forma que debíamos llenar completamente, para que luego pasáramos a una segunda sección para entregar esa forma llena con sus respectivos papelitos. El llenado de la forma me tomó otros 10 minutos (lo hice con mucho cuidado) y al entregarla, nos indicaron que esperáramos a que nos llamaran. Nos llamaron 25 minutos después. Una chica voluntariosa y amable nos atendió, revisó nuestros papeles, nos corrigió la forma y nos indicó que pasáramos a una tercera sección para que el chamaco balonudo se tomara la foto. En esa sección también tenia uno que esperar a que lo llamaran. Para no atosigarlo con nimios detalles, nos llamaron para la foto 1 hora y 10 minutos después. Afortunadamente Don Balón estaba de venia y nos la estábamos pasando bastante bien entre chiste y ocurrencia. Una vez tomada la foto, faltaba sólo recoger el pasaporte. Para ello hay que atender a un cuarto módulo que se encuentra ya casi a la salida. Hay que decir que la disposición logística del lugar, al menos, parece una fila de un juego mecánico de Disney World. En ese cuarto módulo nos encontramos con un mar de gente y con una tele que para nuestro regocijo transmitía el juego de México contra Corea del Norte (Sub 17). Pues le comento que vimos completo el segundo tiempo de ese juego, el resumen y un programa bastante malo que le siguió que se llama Xtremo (lo único que tiene extremo es el nombre). Hastiado por culpa de este programita y al ver que no nos llamaban para entregarnos el pasaporte, fui a preguntarle al joven que los entregaba la razón de la tardanza. Juro, amigo lector, que lo hice muy amablemente. El joven entregador de pasaportes, convertido en Neanderthal de la primera generación, me contestó con rudeza que esperara sentado, que ellos me llamarían. Le pregunté si había un problema, y volvió a contestarme que me sentara de inmediato. Sin más me dio la espalda y se largó el mozalbete. Después de otros 15 minutos, ya mediando las 5 y media de la tarde, nos entregaron mal y de malas el pasaporte de Don Balón. Me largué de ahí profundamente enojado no sólo con el retro-Neanderthal, sino con mis conocidos y amistades que tanto alabaron el servicio de la SRE. Nunca, lo juro, nunca me había costado tanto tiempo tramitar un triste pasaporte, ¡ni cuando Echeverría era presidente del país!

No quiero abrumarlo con mis cuitas, pero después de esto siguieron una serie de acontecimientos funestos: perdí las llaves de mi coche en la calle, mi servicio de hosting de mi página y mi correo personal fueron suspendidos aún cuando pagué en tiempo y forma, mi casa en Cocoyoc fue invadida y profanada por una turba de budistas silenciosos, me soñé presidente y amigo de Elba Esther, y el único volante del Xbox que funcionaba, fue masacrado por Rockstar, su amigo Vettel y Don Balón, justo cuando me había comprado de cumpleaños un súper ultra juego que simula las carreras de rally con un realismo excelso. Para colmo, mientras esto escribo nuestra selección “mayor” hace su mayor oso frente a un rival de risa (que me perdonen los hondureños, pero ésa es la puritita verdad).

Mejor me voy a acostar, no vaya a ser que la computadora me explote entre las manos.

22 de junio de 2011

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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