El mundo desde mi bici – XII

Después de ver los partidos de las selecciones mexicanas de este fin de semana, me asaltó una gran duda. Si el futbol no es el deporte nacional (porque evidentemente no puede serlo, jugar tan mal como lo hicieron nuestros seleccionados pequeños y grandes demuestra que realmente no hay afición por ese deporte), entonces ¿cuál será realmente nuestra vocación deportiva?

En los Estados Unidos se practican con pericia el basquet, el beis y el fut americano, por mencionar solamente los deportes más populares, pero realmente ninguno de los tres se puede considerar como el deporte nacional. Averiguando un poco más, nos damos cuenta que el deporte norteamericano por antonomasia es el de las demandas. Demandar a quien se deje es por mucho el deporte más practicado. Es por eso que cuando vamos a los EUA nos encontramos letreritos de “Watch your step” por todas partes. En algunos estados de la unión americana se están usando hasta en los domicilios particulares: no vaya a ser que cuando venga el vecino a pedirnos azúcar, se tropiece con el escalón de nuestra entrada y nos demande pidiéndonos como compensación nuestra casa mal señalada más una fortuna.

En Alemania, país de los súper pilotos de carreras, de los aguerridos futbolistas y de las corpulentas atletas, el deporte más practicado es el levantamiento de tarro. No hay duda. Los alemanes necesitan de la cerveza, porque es el único ingrediente que los puede poner de buen humor. La cerveza en Alemania es el aglutinante social. Sin cerveza Alemania sería un puñado de condados dispersos e insignificantes en el centro de Europa.

Japón se ha distinguido poco en el deporte en general. Es verdad que hay uno que otro beisbolista perdido en la MLB, un piloto de Fórmula 1 que no provoca accidentes, una selección de futbol más voluntariosa que exitosa; recuerdo algún boxeador bueno y creo que eso fue hace 30 años. Los japoneses se distinguen más por su cultura: su poesía, su cine, su singular pintura y su exquisita comida. ¿Cómo rellenar el hueco dejado por el deporte que no termina de cuajar? Con estrés, con mucho estrés. Ése es el verdadero deporte del Japón. Si no tienes 9.98375 de promedio en tus calificaciones no pasas al segundo grado de primaria. Si no eres el trabajador más productivo y te dan vacaciones pagadas, preocúpate en serio. Si la calidad de tus productos no es de la más excelsa, vuélvelos a hacer. Si tu honor ha sido ultrajado, entonces suicídate. El Japón no sería nada sin el estrés.

Y los mexicanos ¿qué practicamos más? Ya se vio que el futbol no se nos da. En el tae kwon do somos buenos, en la caminata dejamos de serlo y el box como que está queriendo volver. Ninguno de estos deportes son considerados como nacionales, ni siquiera cuando se celebran las olimpíadas. Tal vez usted haya aventurado ya esta hipótesis, adivinando el tono de este libelo: el deporte nacional es la corrupción. Pues no, amable lector, no es así. Aunque no niego que la corrupción es un mal enquistado desde hace siglos en nuestra sociedad y que muchos, desgraciadamente, la hemos practicado, no es (y por mucho) el deporte nacional. ¿No? No. El deporte nacional es hacer todo al último momento. Ejemplos de ello los tenemos a diario. El trámite de la tarjeta de circulación con chip se tuvo que prorrogar, porque un millón doscientos mil automovilistas de un universo de tres millones decidió hacer este trámite en el último mes del plazo. La guerra-contra-el-crimen-organizado es tan cruenta, porque nuestra clase política decidió hacerla cuando las mafias habían ya permeado todos los estratos sociales y económicos. Los verificentros están a su máxima capacidad el último (ojo, no los últimos, sólo el último) día del mes. A los “estudiantes” les gusta estudiar todo de golpe y porrazo un día antes del examen. Y a los que ocasionalmente escribimos, nos gusta empezar a componer nuestro texto al cuarto para la hora. Si no hiciéramos todo hasta el final, nuestras vidas no tendrían sentido y más que nada, emoción.

Y usted, ¿qué dejó para mañana?

20 de junio de 2011

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica semanalmente sus crónicas sobre la vida cotidiana conocidas bajo el título El mundo desde mi bici. Está en proceso de completar un libro de cuentos que se llamará De veras se está bien aquí, el cual debió ver la luz en el segundo semestre de 2014, sin embargo será publicado hasta el 2015. También llevará pronto a la imprenta una antología de sus crónicas. Para ganarse la vida, trabaja para una empresa que no tiene nada que ver con el mundo literario y que vende artefactos para contar dinero, los cuales Enrique tiene fe que algún día utilizará para su provecho. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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