El mundo desde mi bici – XI

Diferencias de género

Ya lo sé, lector generoso, que no hay tema más trillado que el de las diferencias entre mujer y hombre. Usted entenderá que hay veces en que un tema necesita ser expresado. No es examen de opción múltiple, es sí o sí. Hoy, día del padre, el tema demanda su urgente discusión. Así que aquí le voy.

Todos sabemos que el día de la madre y el del padre son productos del más soez marketing. Mayo y junio eran malos meses de venta, había entonces que inventar algo para que las ventas repuntaran. Empresas como General Electric, Bosch, Whirlpool y demás decidieron darle un empujoncito a las ventas de sus refrigeradores, estufas y electrodomésticos en mayo. Mientras tanto Black & Decker, Craftsman, Stanley y otras decidieron mejorar sus ingresos en junio. Para agregar un mito urbano más a nuestra postmodernista civilización, voy aquí a fijar que en 1932, en plena Gran Depresión, dentro de un privado ubicado en el piso 33 de la Calle 42 esquina con Broadway, Manhattan, Nueva York, los presidentes de estas grandes empresas se juntaron, auspiciados por los capitanes de la industria acerera, para instituir formalmente el día de la madre y del padre. En México se adoptó la celebración de ambas fechas vía fast track, sin siquiera pasar por comisiones. Desde entonces el día 10 de mayo celebramos a nuestras “mamacitas” (interprete usted esto como le dé la gana) y el tercer domingo de junio el día del padre (también puede interpretar esto). De entrada los días de celebración de ambas fechas están cargadas de un extremo simbolismo. El día de la madre puede caer en cualquier día de la semana, el del padre siempre es en domingo. Esto quiere decir que la madre es ubicua, no sólo está en todas partes, está en todos los días de la semana. Los padres sólo somos tomados en cuenta los domingos, porque este día damos el “gasto” a nuestras mujeres y a nuestros hijos su “mesada”. El día de la madre organizamos una gran pachanga, normalmente en nuestras propias casas, en donde nuestra mujercita querida (es decir, la susodicha festejada) se encarga de hacer comida para 35 personas y atenderlas como corresponde a una buena ama de casa. Si de plano tenemos algo más de lana, se nos ocurre ir al restaurante más lejano (lo evidencia el endemoniado tráfico de ese día) para comer entre caras largas después de una espera de 2 horas y quince minutos. El día del padre, en cambio, es un poco distinto. En primera, nosotros mismos nos lo festejamos. Normalmente no salimos de casa “para no gastar”, y le pedimos a nuestra mujercita que nos haga sólo una comida sencilla: un cevichito, una carnita del Buen Bife, unos canelones, una ensaladita, un pastelito; vaya, algo que no ensucie tanto la cocina. Claro, nunca está de más que haya una botana previa, acompañada de una chelita, un poco de futbol, aunque sea EUA vs Jamaica. Si se puede invitar a unos cuantos amigos, vaya hombre, sólo a unos cuantos, acompañados de su prole completa (pero por supuesto que así debe entenderse) pues mejor, para festejarnos más agusto y estar bien acompañados, ¿a poco no? Además en el día del padre no se encarecen las flores, no se atascan tanto las calles y como que nosotros estamos de mejor humor. En cambio, en el día de las madres nos va a todos medio ídem: nos histerizamos primero en el intenso tráfico, nos peleamos con el vendedor de las flores porque la docena de rosas nos la quiere cobrar a 250 pesos cuando en un día común y silvestre vale la tercera parte; nos peleamos con la hostess del restaurancillo al que fuimos porque no nos respetó nuestra reservación, y acabamos a gritos con el capitán porque nos incluyó en la cuenta 10 tragos más que nunca pedimos. Lo que es peor, yo creo, es la cara de tres pisos que nuestra mujer tiene al terminar su día. Malagradecida, tanto esfuerzo que le cuesta a uno consentirla y ella que ni lo aprecia.

Es por lo anterior que se infiere que los hombres somos mucho más prácticos y menos complicados que las mujeres, ¿o no?

19 de junio de 2011

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Acerca de Enrique Boeneker

Enrique Boeneker mantiene este blog en donde publica muy ocasionalmente textos sin sentido y otros que le parecen contienen un interés inherente que vale la pena difundir. Tiene dos hijos y mantiene a un perro y a un gato. Ver todas las entradas de Enrique Boeneker

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